Tercera Aproximación al Mal – Otro enfoque acerca de los «Residuos Psíquicos.

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El siguiente párrafo corresponde al inicio del capítulo XXVII de “El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos” de René Guénon. Lo reproduciré en toda su extensión para luego analizar y tratar de deslindar en él la verdad de la falsedad.

Para comprender lo que hemos dicho en último lugar a propósito del «chamanismo», y que es en suma la razón principal por la que hemos dado aquí esta apercepción de él, es menester destacar que este caso de los vestigios que subsisten de una tradición degenerada y cuya parte superior o «espiritual» ha desaparecido es, en el fondo, completamente comparable al de los restos psíquicos que un ser humano deja tras de él al pasar a otro estado, y que, desde que han sido abandonados así por el «espíritu», pueden servir también a no importa qué; por lo demás, que sean utilizados conscientemente por un mago o un brujo, o inconscientemente por espiritistas, los efectos más o menos maléficos que pueden resultar de ello no tienen nada que ver evidentemente con la cualidad propia del ser al cual esos elementos han pertenecido anteriormente; ya no son más que una categoría especial de «influencias errantes», según la expresión empleada por la tradición extremo oriental, que, todo lo más, han guardado de ese ser más que una apariencia puramente ilusoria. Aquello de lo que es menester darse cuenta para comprender bien una tal similitud, es que las influencias espirituales mismas, para entrar en acción en nuestro mundo, deben tomar necesariamente «soportes» apropiados, primeramente, en el orden psíquico, y después en el orden corporal mismo, de suerte que en eso hay algo análogo a la constitución de un

ser humano. Si estas influencias espirituales se retiran después, por una razón cualquiera, sus antiguos «soportes» corporales, lugares u objetos (y, cuando se trata de lugares, su situación está en relación naturalmente con la «geografía sagrada» de la que hemos hablado más atrás), por ello no permanecerán menos cargados de elementos psíquicos, los cuales serán incluso tanto más fuertes y más persistentes cuanto más poderosa haya sido la acción a la que hayan servido de intermediarios y de instrumentos.”

Antes que nada es necesario contextualizar la noticia periodística en la que se basa el autor . El hecho es conocido como  “Maldición de las Pirámides” y se produjo en la década de 1920 en oportunidad de descubrirse la tumba de Tutankamon en Egipto. Al poco tiempo muere en forma súbita quien financiara la expedición, Lord Carnarvon Dieciséis años más tarde, fallecería el arqueólogo que exhumara la tumba, Howard Carter. El mismo afirma que al entrar en la cámara central del sepulcro, descubrió una leyenda que afirmaba: “la maldición perseguiría a todo aquel que profane el lugar”.

A partir de allí Guénon brinda una explicación del hecho, basada en una antropología generada en el Helenismo y tomada posteriormente por la Iglesia. La misma se basa en una sustancia espiritual capaz de separarse del sustrato material que anima y que mantiene. Cuando lo hace, deja en el mismo cierta cantidad de residuos psíquicos que pueden ser usados por espiritistas, magos negros, brujos, brujas, etc. Cabe señalar que esta interpretación corresponde a un estadio tardío de la tradición y que no tiene que ver con la tradición primordial.

1)     En primer lugar, dichos “residuos psíquicos” de los que habla Guénon, son una materia casi inerte, caracterizada por procesos lentos, pero sumamente valiosa. Ya se trate de personas que han fallecido o de civilizaciones que han terminado, los residuos deben ser incorporados a la comunidad o al entorno en el que han actuado. Si se trata de una civilización, los despojos deben pasar a aquella que la reemplace, en un movimiento continuo que no debe detenerse. En el caso de una persona, como lo dice Guénon en otra parte, los residuos físicos deben integrarse a la naturaleza, a todos sus elementos, no sólo a la tierra, y los psíquicos a la comunidad a la que pertenecía.

Como la escoria de la alquimia, a la que se recomienda no desechar, sino preservarla cuidadosamente, ya que de su transmutación puede obtenerse la propia  piedra filosofal, los residuos sufren una transformación que por un lado pasará a una nueva manifestación vital y por el otro, alimentará a los seres que nacen y con los que pueda tener una afinidad derivada de la dimensión mítica y de la historia cósmica del individuo que adviene.

En otras palabras: los despojos psíquicos, luego de una transformación natural, se integran a las estructuras mentales de quienes están por nacer y constituyen de ese modo lo que llamo la Genealogía Sincrónica. La misma es la que se encuentra en el interior de cada uno, partiendo de la base de que el psiquismo no es un yo fijo, sino que está constituido por distintas tendencias que son nuestros verdaderos ascendientes. Este tema es sumamente complejo, y lo desarrollaré en otro artículo. Ahora, lo que pretendo es dar una explicación de aquello que para Guénon se reduce a la influencia maléfica de los residuos.

2)     Ocurre que todo lo que existe, es decir, los elementos presentes en  los tres mundos que constituyen el universo, tiene un aspecto luminoso y un aspecto tenebroso. [1] Ahora bien: ¿qué es lo que hace que algo muestre su aspecto oscuro? La inmovilidad. Vuelvo a hacer referencia al Tao Te King: “Lo rígido y firme pertenece a la muerte. Lo blando y tierno pertenece a la vida”.

En este contexto, la tradición primordial, aquella que surge con la humanidad, es algo vivo. Algo que requiere de una profunda transformación. Su esencia está inserta en el Ku [2], por lo que no puede ser alterada, pero requiere de constantes expresiones.

Sin embargo, por lo general ocurre lo contrario: quienes dicen ser representantes de la tradición primordial, la amarran  a dogmas, y la historia de la misma, que es la propia historia del hombre, manifiesta la lucha entre lo antiguo y lo nuevo. Cada generación humana es diferente; cada generación humana debe aportar algo a la expresión que adquiere la tradición. Esta expresión forma el camino [3] que cada individuo debe recorrer para acceder a su dimensión mítica, al “Tiempo del Sueño”.

En general para quienes deciden tomar una senda  tradicional,   la tradición suele estar relacionada con el dogma, con una doctrina que no  puede ni se debe cambiar; se la identifica con el contenido de aquello que se pronuncia, por ejemplo, con los conceptos que caen  bajo la Infalibilidad Papal, De este modo se confunde  una forma transitoria, temporal, con lo que la tradición es por su naturaleza. [4] De allí que la expresión más acabada sea la del discurso o del relato mítico, y no la de la doctrina. La dimensión mítica aporta por su naturaleza las herramientas para que pueda ser modificada, re-novada, adaptada a las diversas circunstancias.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando la tradición permanece rígida, atada a una forma, sin posibilidades de obtener dicha renovación? El símil no sería el de un espíritu que se aleja dejando una bolsa de residuos, como señala Guénon. Recurriré a un hecho biológico, tomándolo como símbolo en un contexto mítico.

Es conocida la importancia de la flora intestinal para el mantenimiento de la vida. Si bien la ciencia contemporánea ha realizado recientes descubrimientos acerca del valor de la microbiota, la milenaria MTC establecía que el intestino delgado era la entraña o el aspecto yang del corazón, que al ser un órgano tenía propiedades ying y lo mismo ocurría entre el pulmón y el intestino Grueso.

Ahora bien, este cúmulo de millones y millones de bacterias, que pululan en nuestros intestinos y que mantienen la vida, sufren una transformación cuando morimos. Ante la rigidez del cuerpo y  la falta de circulación de la sangre, es de nuestros intestinos de donde surge el ejército de gusanos dispuestos a devorar nuestros restos físicos. Entre ellos y los huevos que las moscas depositan en nuestras mucosas, consumirán con rapidez los tejidos blandos, dejando tan sólo los huesos.

Este proceso demuestra como algo que era positivo, que contribuía al mantenimiento de la vida, dadas ciertas circunstancias se trasmuta y colabora con el proceso de la muerte.

Del mismo modo, una tradición viva empieza a morir, a generar gusanos cuando pasa una generación y no se ha modificado. Aquello que pudo haberse manifestado como algo lleno de vida, produce de pronto presencias tenebrosas. Los dioses se trasmutan en demonios y  en todo caso, el motivo por el cual se mantendrá la inmovilidad de una doctrina  es para mantener una cierta estructura de poder que beneficia siempre a determinada casta guerrera y/o sacerdotal.

Ahora bien, en Occidente la Iglesia Católica cumple este papel con características que difieren de otros credos, ya que en sus propios inicios alteró las verdades tradicionales contenidas en el mensaje original de Cristo para acomodarlas a las exigencias del poder; para que el imperio la acepte y la convierta en una religión oficial.

Con el paso de los siglos, el esquema de poder que implica mantener un dogma y una doctrina inflexibles, se seculariza y traslada al resto de la sociedad [5]. En consecuencia, somos formados en el esquema que se basa en  la creación de un objeto fóbico y un dogma al cual aferrarse. Esto evitará el vértigo, la sensación de desprotección que acompaña a enfrentarse al mundo con el propio bagaje para arrancarle respuestas.

El resultado es un cadáver que ya lleva más de dos mil años. No deja de descomponerse, y sus representantes se encargan de forzar realidades, de alterar verdades, e incluso de eliminar personas que puedan poner en riesgo la estructura de poder.

Volviendo al párrafo de Guénon. El mismo habla de “magos negros” refiriéndose a personeros del satanismo o de la contrainiciación que manipularían los residuos psíquicos que puede dejar una persona o una civilización cuando el espíritu los abandona. El proceso no es así. Existiendo una institución omniabarcante en proceso de descomposición, la misma emitirá contundentes presencias demoníacas que pasarán a poblar los diferentes y numerosos estratos del mundo intermedio. En consecuencia, a aquellos que ejercen el oficio de brujo o chamán y que han decidido por diversos motivos recurrir a hechizos de maldición para crear dificultades o atacar a determinada persona, les basta recurrir a esta dimensión demoníaca de la iglesia, derivada de un largo proceso de descomposición de un contenido espiritual. [6]

–        El “Enviado de Lucifer”

Es frecuente que el buscador que ha decidido adoptar como marco exotérico el contexto de una Iglesia cristiana, sienta la necesidad de transformarla, de tomar la tradición sobre sí y renovarla yendo a los orígenes. Cuando esto ocurre en una institución absolutamente fosilizada, la persona que busca remover las formas doctrinales regresando a los orígenes, será considerada como un enviado de Lucifer. Aún aquellos que puedan haber estudiado los fundamentos de dicha forma tradicional, no reconocerán estos principios, en el caso de la Iglesia Católica por los veinte siglos en los que se ha confundido dicho cadáver fosilizado con la verdad contenida en la tradición.

La Iglesia ha creado la noción de mal como algo absoluto. Dependiendo de una entidad sobrenatural, un ángel, el opuesto de Dios, se engendra una dimensión de castigos eternos, el infierno que coexiste con los distintos estratos del paraíso.

Lo que existe acompañando a lo sagrado que constituye la vida, es la dimensión caótica de la misma, es decir un ámbito donde las nociones de mal o bien, de fasto o nefasto se confunden. Este caos es representado a veces por el mar, otras por cavernas de origen volcánico, es decir por los medios preternaturales anteriores a la forma.

Toda nueva expresión de la tradición primordial surge de este caos. De este modo el modelo o el Artefacto Mítico Ritual que tenga por base la concepción de la tradición como algo fijo, que debe ser protegida de cualquier novedad, de cualquier subversión, presenta e induce un grado de deterioro. Los dioses, que son los verdaderos encargados de dinamizar esa tradición, no tardarán en convertirse en demonios y propagar toda forma de muerte con el pretexto de defender la vida.

GOCHO VERSOLARI

[1] Lo relacionado con el Ku, es decir lo no manifestado, aquello a lo que se puede aludir por vía negativa, no participaría de esta dualidad, que afecta tan sólo a lo que se muestra.   “El Tao que se nombra no es el verdadero Tao”, dice Lao Tzu al principio del Tao Te King, y cuando dicho Tao  se vuelve hacia lo manifestado, se divide en Ying y en Yang, es decir surge la dualidad. De allí que entonces, una misma cosa pueda ser buena por un momento y mala luego de un período. Las llamadas “energías perversas” en MTC son aquellos estímulos que entran en el sujeto que no estaba preparado para recibirlas y asimilarlas, es decir que no son malas en sí mismas, sino por su función y su oportunidad.

[2] Esto es una forma provisoria y por completo inexacta de expresarse, ya que, por la naturaleza de las cosas, en el Ku nada puede insertarse. En términos míticos podría decirse que la tradición primordial se caracteriza por el silencio como símbolo de lo no manifestado.

[3] Siempre recurriendo a la Tradición Extremo oriental, el sentido de Tao  precisamente significa  camino.

[4] Otro factor que acentúa esto, es precisamente la consideración rígida de una verdad tradicional como es la teoría de los ciclos. Partiendo de la misma, se considera que cada generación ocupa un lugar más bajo que las anteriores en lo que se refiere a la comprensión de las verdades tradicionales, en consecuencia, toda “novedad”, todo lo que se aporte en esta época estaría condicionado por el descenso del ciclo y formaría parte de cierta escoria cultural, de una visión básicamente equivocada. Esta concepción, reforzada por una interpretación diacrónica del Apocalipsis, no es compartida ni por Oriente ni por las tradiciones chamánicas de América. Se considera que la época actual, como ha ocurrido muchas veces en la historia, está definida por un nihilismo creciente, que será revertido en algún momento por el movimiento natural de la sucesión temporal y por la llegada de un nuevo avatar. En todo caso, se trata para el oriental de practicar algo similar al Hendoku Yaku, un principio que significa “extraer medicina del veneno”. Como ejemplo práctico estaría Internet y las redes sociales: puede ser un veneno, y de hecho lo son, para quienes se acercan a estos “elementos de poder” sin conciencia y sin bases, pero en otro sentido ayudan la difusión y la renovación de la tradición cuando se los usa adecuadamente.

[5] Hay que acotar que  quienes torturaban y ejecutaban a los herejes como resultado de las sentencias del Santo Oficio, por ejemplo, eran los representantes del poder civil. Es decir que el mismo, con la inspiración eclesiástica, fue formado con la tendencia autoritaria y asesina, pero una de las expresiones que pretenden disculpar a la Iglesia en la actualidad es que “no se pudo hacer otra cosa si los príncipes eran crueles”.

[6] De allí que muchos hechizos de diferente naturaleza, ejercidos casi siempre  por chamanes que viven en las zonas urbanas y en particular en los suburbios de las capitales, requieran de velas, agua bendita o imágenes de santos en un contexto de sincretismo a fin de realizar sus “trabajos”. En cambio, el chamanismo auténtico, se limita a responder a los elementos de su propia tradición, y sus actividades terapéuticas o de renovación propiamente hablando, se dirigen a mantener viva la herencia que recibieran en el contexto de su cultura.  Obsérvese que en tradiciones que no se renovaban, se producía un proceso similar, como fue el caso del judaísmo en ciertas etapas de su historia. Casi siempre en manos de una clase sacerdotal crecientemente poderosa, que es quien impide dicha renovación. Los Vedas son conscientes de este proceso y por eso en sus textos se encuentran conjuros de maldición: se explica que si el hombre luego de que se le advierte que durante muchas vidas sufrirá males sin cuento y persiste en sus actitudes de odio, de deseos de venganza, pueda disponer de los recursos necesarios. Los mismos derivan siempre de ese margen por el cual una tradición se demora en renovarse. De igual modo, esto explicaría las energías bajas con las que trabajan algunos cultos sincréticos, es decir donde se produce una aparente síntesis entre el Artefacto Mítico Ritual autóctono por un lado y la religión cristiana por el otro. Siempre en un contexto de brutal dominación, el negro en Brasil, por ejemplo, descendiente de esclavos, se veía obligado a suspender el culto a los antiguos dioses bajo amenaza de muerte por parte de sus nuevos amos. Entonces recurrían al santoral católico para encontrar los equivalentes. Esta presencia de los santos, contaminaba por decirlo así, un ritual milenario y claramente superior.

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3 Comentarios

  1. Hola, de nuevo Abraham, me han prestado la cuenta para poder visitar tus blogs de nuevo, disculpa mi tardanza en contestar pero entre semana trabajo y doy clases en la Universidad así ya sabrás como tengo de cortos mis tiempo, sin embargo, no dejo de darme una vuelta por tu blog y seguir leyendo, lento, pero constante tus escritos. Tomo nota de tu e-mail y las dudas que me surgan te las haré llegar. Te envío un caluroso saludo.

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