Introducción al Ku (Vacío)


Shuniata en sánscrito y Ku en japonés, son términos que se atribuyen al Budismo y que se traducen como vacuidad o latencia. Sin embargo, la noción de Ku excede el marco budista; Por un lado su aplicación se remonta al hinduismo, y por el otro al Taoísmo, Sintoísmo y todas las cosmovisiones de Oriente.


Siempre que se trata de aludir en términos positivos al «Ku«, de una forma insensible se lo encierra en categorías  de tiempo y de espacio. La forma adecuada de acotarlo es por vía negativa, señalando que no se trata « de esto ni de esto»; enumerando un listado de cosas que el Ku no es.


 La presencia cotidiana de este vacío explica el despojo y la preeminencia de la sombra en  la arquitectura japonesa . Una pared blanca, sin cuadros ni adornos, un tatami simple, simbolizan el Ku. Paradójicamente, esta vacuidad sería  el origen de todas las cosas, y para el oriental es  valioso en alto grado  todo  que simboliza su presencia; desde  el ocio creativo hasta  la sensación de hambre.   


Se puede llegar a comprender racionalmente la noción, pero es difícil  incorporarla  a nuestra vida cotidiana de occidentales, inmersos en una sociedad de consumo en la que nos rodeamos de multitud de cosas y de pensamientos. Una actitud opuesta a la del vacío. 


El vacío en el Hinduismo

void_system_by_elreviae-d8wihvyLa meditación se divulgó en Occidente a partir de la conquista de la India por Gran Bretaña. 


Existen tres formas de realizarla


Japa Japa, es decir la meditación silenciosa, que suele corresponder a la postura advaita extrema, es decir sin imágenes, sin palabras, afrontando  en forma directa la tarea de despojar a la mente de pensamientos


Meditación Japa con rosario de 108 cuentas que va conduciendo al vacío.


Meditación Japa con mantras, donde la letanía va concent rando la mente en un solo punto hasta encontrar la necesaria dimensión de vacío. 


Sea cual fuere la forma en que se presente, o la escuela a la que hagamos referencia, la disciplina  tiene como actitud básica vaciar  la conciencia; actitud que debería conducir  al Samadhi, es decir, al supremo estado de recogimiento en  que se logra la unión con la Divinidad.  Sesha,   , de origen colombiano y residente en España, lo llama  «La Búsqueda de la Nada» (Es el título de uno de sus libros) para denotar  esta desocupación gradual de  la mente y lograr un total reposo. 

El Vacío en el Taoísmo


“Treinta radios lleva el cubo de una rueda; lo útil para el carro es su nada (su hueco). 

Con arcilla se fabrican las vasijas; en ellas lo útil es la nada (de su oquedad). 

Se agujerean puertas y ventanas para hacer la casa, y la nada de ellas es lo más útil para ella. 

Así, pues, en lo que tiene ser está el interés. Pero en el no ser está la utilidad.” 


Lao Tse – Tao Te King.


«Las cosas del mundo nacen del ser. El ser nace del no ser»

Lao Tse – Tao Te King


 El Tao es una vasija vacía,

y su uso es inagotable.

Insondable.»


Lao Tse – Tao Te King


«Mira lo interno,no mires lo externo. La cavidad interna es tu ser,la cavidad interna,el vacío interno es tu ser».


Lao Tse – Tao Te King

¿Qué significa que la esperanza es tan vacía como el miedo?

La esperanza y el miedo son ambos fantasmas que nacen del pensamiento del ser.

Cuando no vemos el ser como algo propio, ¿qué es lo que tenemos que temer?

Lao Tse – Tao Te King


Cielo-y-Tierra no anda con sentimentalismos, considera las diez mil cosas como perros de paja.  El sabio no anda con sentimentalismos, considera a las cien familias como perros de paja.

Lao Tse – Tao Te King


De todas estas citas de Lao Tse surgen tres manifestaciones del vacío: la que expresa el Tao o Dao, como algo insondable cuya esencia ess el propio vacío.


La segunda se refiere al vacío acompañando al hombre, permitiendo la vida a través de la utilidad y el sentido de los entes, y finalmente ese vacío como viento despiadado, que ubicado entre el firmamento y la tierra; que trata a los hombres como «Perros de Paja».

void_by_portohle-d3a7lbzSe podría también incluir la necesidad del vacío en la mente y en el cuerpo, referido a la alimentación en el sentido de ayuno y a la abstinencia sexual, En este sentido el Taoísmo tiene una larga tradición que se traslada a la Medicina Tradicional China y que establece la alternancia del vacío y la plenitud en las instancias vitales del alimento y la sexualidad. 

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Se dice de una mujer que tenía una enorme vagina. Era su intención disfrutar del amor, pero no había miembro capaz de satisfacerla. Tras mucho cavilar, decide poner un aviso en el periódico, solicitando un caballero con un pene lo suficientemente grande como para que pueda entrar ajustadamente en su orificio. Se presenta un candidato, que al probar  con  la forma tradicional, advierte que su miembro se hunde en el  espacio  sin encontrar límites. Prueba con la mano, con el brazo que tampoco hallan resistencia. . Por último el sujeto mete la cabeza, sin recordar que llevaba sombrero, el que se pierde en la oquedad. Entonces descubre que puede entrar a aquella dimensión y lo hace en busca de su sombrero, pero es inútil y no lo encuentra por ninguna parte. Debe encender un fósforo para alumbrarse, y es entonces cuando divisa a un soldado de caballería. «Disculpe, señor. ¿Ha visto un sombrero por aquí?» El otro contesta con un dejo de impaciencia. «¡Como para ver sombreros! Hace una hora perdí mi caballo y todavía lo estoy buscando».


Algunos reconocerán este relato, entre surrealista y pornográfico, si ha transcurrido su adolescencia en la zona de la Provincia de Buenos Aires, donde se contaba clandestinamente en ocasión de los rituales más o menos confusos de la iniciación sexual. Por mi parte volví a escucharlo cuando estudié Medicina Tradicional China, en el marco del Taoísmo. Con él se ejemplificaba que el Ying y el vacío que conlleva eran insondables. De dicho vacío,  de esa aparente pasividad, surgen  los seres humanos en ocasión del embarazo y a su vez es una ley del universo que explica el surgimiento de   las cosas y los seres.  

El vacío en Occidente

En su refutación a los filósofos anteriores (Platón, Pitágoras y sobre todo los atomistas), Aristóteles señala que el vacío es algo inconsistente y que no se puede considerar un elemento físico. Los cuerpos no necesitan del vacío para moverse, sino que se reemplazan unos a otros, y de este modo el estagirita presenta un universo repleto y desarrolla por primera vez el concepto de horror vacui que seguirá durante toda la Edad Media,  


La otra gran aparición del vacío en el pensamiento de Occidente es con Martín Heidegger, quien en la segunda etapa de su pensamiento, mantiene consultas con personalidades representantes de Taoísmo y finalmente toda su concepción resulta más estudiada y apreciada en Oriente que en Occidente. 


¿Y qué sería del vacío del espacio? Con demasiada

frecuencia, el vacío aparece tan sólo como una falta.

El vacío pasa entonces por una falta de algo que llene

los espacios huecos y los intersticios.

Sin embargo, el vacío está presumiblemente hermanado

con el carácter peculiar del lugar y, por ello, no

es un echar en falta, sino un producir.

De nuevo, el lenguaje nos puede dar un indicio.

En el verbo leeren [«vaciar»] habla el lesen [«leer»],

en el sentido original del reunir que obra en el

lugar.

Vaciar el vaso quiere decir: reunirlo, como lo

continente, en su haber llegado a ser libre.

Vaciar los frutos recolectados en un cesto quiere

decir: prepararles este lugar.

El vacío no es nada. Tampoco es una falta. En la

corporeización plástica el vacío juega a la manera de

un instituir que busca y proyecta lugares.


Este fragmento tomado de su obra «El Arte y el Espacio», permite inferir la concepción del vacío como algo inherente y necesario a las cosas; de algún modo la posición opuesta a la de Aristóteles y muy cercana a la de Lao Tse, quien resalta la utilidad del vacío en la forma de manifestarse de las entes. 


El primer Heidegger vinculaba este vacío con la nada y la angustia, carácter que también puede tomar el Ku, mientras que el segundo Heidegger lo relaciona con la experiencia artística. En ambos casos el vacío se presenta com un caos necesario en oposición al cosmos; necesario porque se requiere entrar y sumergirse en él una y otra vez,  para finalmente emerger y expresar la vida en todas sus manifestaciones. 




Dificultades para el occidental acerca de la comprensión del vacío. 

the_void_by_mattbarley-dbb5xirReitero que la actitud de nosotros los occidentales, es la opuesta a la de Oriente en lo que al vacío se refiere. Se trata en todo momento de tener colmados desde las alacenas hasta los pensamientos. Las ciudades desbordan de edificios, el abigarramiento es la característica. Desde no dejar espacios libres en una fila, hasta colmar las paredes de cuadros. No se estaría errado si al comparar Oriente y Occidente, la nota que los diferencia es esta actitud ante el vacío. 


Las razones de este hecho son complejas y tienen que ver con el desarrollo del Barroco (primero como arte, luego como cultura), su posterior secularización y la exacerbación del afán de dominio sobre personas y bienes por parte de la Iglesia Católica frente al avance de la Reforma Protestante. Serían tema de otro artículo. 


Vivo en Estados Unidos, una sociedad y una cultura paradigmáticas de Occidente. Aquí la gente vive el vacío como dolorosa carencia y procura escapar de él a través de los subterfugios que le brinda la sociedad de consumo, en especial el hecho de rodearse de bienes y de atiborrarse de alimentos. De allí que la obesidad y los acumuladores de objetos o animales se hayan convertido en dos epidemias indetenibles y  de carácter mítico. Para el americano, el vacío es algo de lo que se debe huir a toda costa.   La muerte entonces no es la muerte, sino una prolongación de la vida endulcorada por visiones propias de los diferentes cultos cristianos. 

A fin de no extenderme demasiado, baste señalar estos hechos y terminaré el artículo con una breve referencia al vacío y al buscador.

Vacío y Mito


El Mito es la exposición falsa de algo profundamente verdadero.


Elio Theon Siglo II Tratado: Progymnasmata


Esta expresión, citada por Mircea Eliade, expresa con cabalidad la esencia del mito, que como tal, transcurre en el vacío. Esa es la característica del tiempo paradigmático al que hace referencia.( «Tiempo del Sueño, según lo llaman los aborígenes australianos). 


Un chamán realiza su acto por el cual desciende a los infiernos a buscar el alma de un paciente gravemente enfermo para devolverla a su dueño y de ese modo otorgarle la salud. Cuando regresa de su viaje, hace una colorida descripción en términos míticos. Se narra en lucha con terribles demonios y enumera la cantidad de obstáculos que ha debido superar. Nada de esto es cierto en el sentido de certidumbre racional o empírica al que estamos acostumbrados; se trata de exponer un proceso que escapa a la conciencia, que se ha desarrollado en el vacío, aunque las limitaciones del lenguaje no nos permitirían hablar de «desarrollo» de acontecer, de sucesos separados. Podría decirse que al sumergirse en el Ku, el chamán logra la recuperación de un estado inicial, pero ninguna de estas expresiones son reales. Lo que ocurrió sólo puede ser expresado por el silencio. Es un evento no manifestado que por razones misteriosas, por esa unión con el mundo invisible, tiene efectos en lo cotidiano; en este caso, devolviendo la salud a una persona. 


Así el género fantástico tiene su relación en lo mítico, en la i mposibilidad de expresar en términos racionales ciertos aconteceres que exceden los límites de lo humano y que lo ponen en contacto con el vacío primordial. Volviendo a la definición de Theon, el relato no es real, pero expone  algo que sí lo es en el sentido de vincular al hombre con los límites del mundo. 


Es así que las expresiones que usemos para referirnos a este proceso, también tienen este carácter mítico. Toda la ciencia con sus axiomas aparentemetne incólumes, no son más que  un girar en torno a ese centro invisible del que hablamos. Al científico lo anima una fe ciega (muy parecida a la que pergeñó en su momento la Iglesia cristiana) de que en algún momento llegará a la esencia de ese vacío y develará su incógnita en términos materiales.  El fin de todo discurso es rodear y señalar el silencio, es decir  la detención de la palabra. Todo lo que se manifiesta apunta al vacío que lo sostiene. Cuando se cree haberlo develado, se ha vuelto a perder.


Quizá las mejores páginas de René Guénon se encuentren en el capítulo     de «Consideraciones sobre la iniciación» titulado «Mitos, Misterios y Símbolos». Allí explica que el término mito está vinculado a la raíz «mu» que se usa para mudez y para una serie de vocables relacionados con el silencio. Se pregunta el autor ¿cómo puede un mito, es decir algo que siempre toma la forma de relato, estar relacionado con lo silente? La respuesta es que el centro del mito es siempre el silencio, es decir el vacío. 


Agrego a la reflexión de Guénon que es en el relato mítico donde se da la mayor tensión entre el vacío y la plenitud. Esa tensión es la que le brinda su fuerza, algunas veces capaz de levantar imperios, como en el caso del mito de Rómulo y Remo o la manipulación mítica a la que fuera sometida la historia de Jesús. (1)



El Tiempo Cero. 

orange-2912863_960_720En los principios del cálculo infinitesimal, Guénon hace referencia y expone la demostración de que «Cero no es un número», según el título del Capítulo XV de la obra. El cero se trata de la expresión matemática del vacío, y su utilización en las operaciones matemáticas, da la razón a la observación de Lao Tse expuesta más arriba. 


Cuando hablo del Tiempo Cero, me refiero a una dimensión anterior a la de la historia, a un eterno presente, de modo que sería un error buscarlo en un remoto pasado (2) 


También el concepto es complejo y exige un desarrollo mucho más amplio, pero señalaré un ejemplo. En la tradición oriental se habla de los cuatro yugas para referirse a la división del tiempo y su gradual decadencia. En occidente, Hesíodo describe en términos equivalentes las cuatro edades. Digamos que previo y paralelamente a estas cuatro instancias, hay otro tiempo que coincide con el vacío. La diferencia es que la sucesión, la secuencia, definida por las edades tiene un carácter diacrónico, es decir está fuera de nosotros; la podemos  medir, con lo que le aplicaríamos el sello de la cantidad. El Tiempo Cero, en tanto está en un nivel de máxima sincronía, es decir que por el hecho de ser humanos, traemos con nosotros la posibilidad de acceder a él en el silencio. No es susceptible a la medida ni a  la descripción. Un ser no puede trasmitirlo a otro. Si realmente ha accedido a él, surge un reconocimiento espontáneo de que el otro también lo ha hecho. 


Con esto llegamos a una dimensión anterior a la de los yugas o de las edades. Lo que podríamos afirmar de las mismas es que las edades iniciales –  la Edad de Oro para Hesíodo y el Krita Yuga para los Vedas – estarían más cerca del Tiempo Cero, pero siempre  separadas, aunque fuera un punto infinitesimal. El Tiempo Cero se mantiene inalterable, mientras que en las edades iniciales ya se encontraría la potencialidad de la decadencia. En tanto, sea cual fuere la época en la que nos hayamos manifestado, la puerta a dicho Tiempo Cero o primordial, está siempre abierta en el interior de nosotros. 


Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.


-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.


La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar y observa el suave brillo de la Ley. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:


-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.


El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.


Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:


-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.


Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.


-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.


-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?


El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:


-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

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El cuento de Kafka «Ante la Ley» – de carácter claramente mítico –  hace referencia precisa a este Tiempo Cero, que en el marco del Judaísmo, el autor identifica con la Ley y que  escapa a toda definición. Otro ejemplo: los miembros de  las primitivas comunidades jesuánicas tenían un acceso inmediato a este Tiempo Cero. De este modo, acceder a él a través de un proceso interior, cada uno de nosotros podríamos lograr la comunicación con las mismas, ya que al encontrarse en el tiempo mítico, los hechos que protagonizaron sus miembros siguen aconteciendo. Esta identificación no nos permitirá tener un conocimiento «claro y distinto» de lo que ocurriera (3) sino el reconocimiento que surge del contacto directo y que se traduciría como una amplitud de mente, un desarrollo de la intuición y en última instancia una forma de conocimiento que excede lo sensorial y lo racional inmediatos y  al que no estamos habituados.

Decido detenerme aquí. Hay artículos relacionados con esto que estoy desarrollando, como «El Cristo Salvaje», es decir la aproximación a Jesús al margen de lo que se narra en la Biblia; en la forma en que se presenta dentro de nosotros mismos; el arte de escribir nuestro propio Evangelio o las vinculaciones entre el vacío, el caos y la muerte iniciática. 


En todo caso, el Vacío o Ku, es el protagonista omnipresente de todos nuestros actos. La vacuidad fecunda: el centro en torno al cual giran nuestros discursos y nuestros afanes. 



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(1) Casi siempre cuando un mito crea un imperio, es decir establece relaciones de extrema dominación y conduce a guerras, es porque se ha cometido miticidio, entendiendo por tal la adulteración del mito con la cual la fuerza que el mismo contiene no se dirige a la totalidad de los hombres, sino a un estamento determinado que hará una aplicación política y de dominio sobre otros seres de dicha fuerza. El hombre está hecho para vivir en pequeñas comunidades y tan sólo en ellas puede cumplir su misión que es acceder al universo del modo en que lo entienda. 


(2) El capítulo 16 del Sutra del Loto, Shakyamuni, habla de «Gohiaku Jintengo», un tiempo increíblemente largo que se extiende desde que el Buda alcanzara la iluminación hasta la actualidad. La referencia es la siguiente:


Supongamos que alguien redujera quinientos, mil, diez mil, cien mil nayuta (10″), asogi (105′) sistemas planetarios mayores a partículas de polvo, y luego las llevara hacia el este, dejando caer una partícula cada vez que atravesara quinientos, mil, diez mil, nayuta, asogi mundos. Supongamos que continuara viajando de este modo, hasta haber dejado caer todas las partículas. Supongamos que todos estos mundos, hayan recibido o no una partícula, fuesen una vez más reducidos a polvo.


Pensemos que una partícula representa un eón. Entonces, el tiempo que transcurrió desde que logré la Budeidad sobrepasa esto por cien, mil, cien mil, nayuta, asogi eones». Gohyaku (quinientos) significa los quinientos, mil, diez mil, cien mil, nayuta, asogi sistemas planetarios mayores que se habían reducido a polvo al comienzo de este cálculo. Jinten significa ubicar todas las partículas de polvo una al lado de la otra, y go, kalpa.


En este contexto, las interpretaciones recurren a la paradoja; el tiempo es inconcebiblemente extenso. Aún cuando se pudiera hacer un cálculo aproximado del símil anterior, el mismo se trataría de un símbolo, de modo que «Gohiaku Jindengo» es el aquí y ahora, la interioridad y el carácter remoto evidencia las capas que es necesario atravesar para llegar finalmente a esa dimensión de nuestro interior. .


(3) como serían los resultados de la ciencia, en este caso la arqueología o la historia, si se siguieran encontrando documentos de la época que hayan escapado a la destrucción de la Iglesia. 


GOCHO VERSOLARI

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