Primera Aproximación al Mal

 

1) Una anécdota en la vida de Aleister Crowley

Cuenta el biógrafo de Aleister Crowley que en su niñez y adolescencia, frente a las lecturas bíblicas en el contexto de la iglesia anglicana, su libro preferido era el Apocalipsis, pero lejos de identificarse con el Cordero y las huestes celestiales, lo hacía con la Bestia y todo lo infernal.

Años después, en su juventud, cuando acababa de ingresar a la Golden Dawn, uno de los maestros de la organización le preguntó si revistaba en la contrainiciación. Crowley responde que no, y el maestro repone: “Entonces debes saber que la contrainiciación te está mirando”

Por la naturaleza de las cosas, no es posible saber si Aleister Crowley fue un contrainiciado, pero de haber sido así, seguiría perteneciendo al cristianismo, ya que una organización satanista o contrainiciática, participa del mismo Artefacto Mítico Ritual, es decir apela a las escrituras canónicas y extrae de allí los elementos para elaborar sus ceremonias.

Podría objetarse que la contrainiciación se refiere a la doctrina tradicional en todas sus formas, pero estrictamente hablando, el concepto es fundamentalmente cristiano: es en la cosmovisión de Roma donde el mal se muestra como la actividad de un ser concreto y eventualmente de una organización que sería la versión invertida de la espiritualidad tradicional. En ese caso se aplican las generales de la ley: los contrainiciados son fundamentalmente cristianos.

Para ampliar lo anterior, un oriental que se dedicara a investigar las relaciones entre las iglesias cristianas y las satanistas, o que dispusiera de documentos contrainiciáticos, establecería que se trata de dos ramas de una misma organización religiosa, más teniendo en cuenta que la figura de Satanás fue perfilada y elaborada con el paso de los siglos por la Iglesia Católica. Recuerdo que el mal para un oriental surgiría de la ignorancia acerca del bien, es decir que no tendría un elemento activo ni una figura que lo personalice

De allí se desprende una primera conclusión: el mal nunca es absoluto. Siempre está condicionado por un entorno mítico y ritual; por un substrato cultural que le da forma..

2) La opinión de Orson Welles.

Dead memories

En este primer intento de acercarnos a la idea mítica del mal, recurriremos al genial director y dramaturgo. Welles afirmaba que toda historia gira en torno al villano. Para afirmarlo, se basaba en obras como Lacy Macbeth o Ricardo III de Shakespeare, donde esta postulación encontraba su fundamento: los malos tenían más importancia como centro de interés que los buenos, los que por lo general morían o perfilaban vidas aburridas como en el caso de “Mr. Arkadin”, donde el protagonismo lo lleva el malvado.

Esta observación de Orson Welles no se reduce a la teoría de la acción dramática. Se trata de una afirmación metafísica por la cual en Occidente es el mal el que condiciona las acciones de los hombres, sean las mismas buenas o malas. Personificado en el villano, tanto en el cine como en la vida, la amenaza del maligno es lo que lleva al hombre a actuar, y si trasponemos esta afirmación, podremos afirmar que toda nuestra civilización surge de un gesto arquetípico por el cual combatimos o escapamos de los planes satánicos.   

Aquí cabría preguntar ¿qué es el mal?. En los monoteísmos de occidente podría darse una respuesta afirmativa: el mal tiene nombre y apellido. Satanás, Saitán, el Maligno, el adversario, el ángel caído, etc. En la transliteración que se hace del libro del Apocalipsis (1), se lo llama la Bestia, y su acción permite configurar un Artefacto Mítico Ritual que forma una de las bases de nuestra cultura.

En términos míticos adelantaremos la identificación del mal con el concepto de Caos. Y en este sentido afirmaremos con algunos cabalistas, como Isaac Luria o el redactor de ciertas versiones del Zohar, que el mal considerado en este sentido no sólo es inevitable, sino que es necesario en el curso de una realización espiritual del hombre. Caos, dispersión, tendencia a la desagregación. La vida tiende a lo contrario, pero necesita de esta tensión para poder avanzar. (2)

3) El Mal en las Tradiciones Orientales.

The absurdity of existence

Como señalo más arriba, en Oriente el mal no se personaliza, no tiene carácter activo. (3) Existen dioses y demonios, lo que no implica  un politeísmo a ultranza, sino una enumeración de fuerzas fastas y nefastas que son funciones del interior del hombre. Estas últimas intervienen cuando el buscador se aparta del camino interior: entonces los hechos nefastos, la amenaza del caos se presenta para que reflexione acerca de sus fallas.  En Oriente el mal no está acompañado del fatigoso contexto de la culpa y la condenación eterna.  

Al igual que la Biblia, los Vedas y los Upanishads son el vasto reflejo de la memoria milenaria de los pueblos. En oriente, los Vedas entienden que el mal es inherente al hombre, a la naturaleza humana y por lo tanto, debe tener un lugar en el esquema del culto. Así establecen “la Mano Izquierda de Dios”, una de cuyas manifestaciones más conocida son los devotos de Kali, la consorte de Shiva, a quien tan sólo el dios puede contener en su espíritu sanguinario. Se presenta con un collar de cráneos humanos y sus seguidores se exhiben con cobras, que en la India representan la muerte. En sus rituales intervienen sacrificios humanos y una jactanciosa actitud contra la vida.

Aunque suene extraño, es frecuente tropezar en los Upanishads   con la descripción detallada de hechizos para lograr la muerte de una persona. La explicación es la siguiente: si al devoto no lo convencen los argumentos de las enormes calamidades que el mal le procurará en esta vida y en las futuras; si el fiel, cegado  por la ira, persiste en un afán de venganza, se le brindan las herramientas para que lo haga.

El Budismo Mahayana, que se manifestara varios siglos después de la muerte de Shakyamuni,  no condena las acciones. Como en todo budismo, la vida es lo más sagrado que existe, pero la libertad del hombre es decisiva. Esta actitud coincide con la filosofía de los druidas, que apuntaba al equilibrio dinámico: una concepción cósmica por la cual cualquier acción, culminaba más tarde o más temprano en un movimiento que abandonaba esa tendencia al caos absoluto, representado por la muerte, la destrucción, la carencia para evolucionar hacia el Cosmos, es decir el orden donde la vida volvía a tener su papel preponderante.

3) El Mal en el Catolicismo

Everything inside me is already dead

De algún modo, hay una analogía en esta concepción que Orson Welles aplica a la trama cinematográfica o teatral, con la historia y el dogma de la religión católica. En ella el protagonismo soterrado, lo que mueve todas las acciones, es la presencia del adversario, del malo. Al nombrarlo muy poco, se aumenta su fuerza y se argumenta que si el fiel no se adhiere firmemente a la iglesia, caerá en sus garras. El fuego del infierno, la pérdida de su alma inmortal y tormentos sin nombre que se sugieren a veces sin nombrarlos, son lo que esperan a quienes se animen a cuestionar a la sagrada iglesia.

Satanás es un ser con capacidades sobrehumanas, a quien Dios permite que actúe sobre el hombre para tentarlo. Como señalaba más arriba, el mal que preconizan no es de carácter universal, sino que se encuentra acotado a quienes conozcan la Biblia y la hayan asumido (4).

El curso de la historia ha cambiado la forma de presentar estas cuestiones, pero el fondo sigue inalterable. Mencionaré la organización “Hazteoir”, una derivación popular de la sociedad secreta y ultraderechista católica “El Yunque”, que en México se dedicara a influir en la política y que tiene en su haber algunos asesinatos. Actualmente está avanzando en España, y en sus postulados y difusión, explica el desarrollo de la sociedad actual como el intento del demonio de apoderarse de las almas de los hombres. Naturalmente, ellos son los encargados de conjurarlo, atacando la homosexualidad, el aborto, los inmigrantes, la masonería y todo aquello que huela a potencial amenaza de la ideología occidental y cristiana. En sus textos, esta organización se muestra acicateada por el mal: no es la figura de un Dios que pudiera comprometer al hombre a completar su creación, sino una fuerza amenazante a la cual es necesario combatir.

El demonio como el protagonista en el occidente cristiano.

La persecución de los paganos, culmina con la muerte de Hipatia en Alejandría, linchada por una turba cristiana con la aquiescencia del obispo. Allí estaba el mal, el demonio y era necesario terminar con él. Vencida la antigua religión, la acción del adversario se traslada a los herejes. Esto lleva a Agustín de Hipona a aceptar la tortura, alegando que “son peores los tormentos del infierno”. Cabe señalar que la tortura se ejerció por parte de la iglesia durante toda la Edad Media, y fue incorporada al corpus legal por la Inquisición en la lucha contra los cátaros y las brujas. Otra vez el maligno, condicionando con su simple presencia, las medidas eclesiásticas.

4) “Dios reconocerá a los suyos”

El 21 de julio de 1209, Arnaldo Amalrico, legado papal y uno de los primeros inquisidores, dice esta frase a Simón de Monfort, quien era el encargado militar de la cruzada contra los herejes cátaros. Sería el justificativo para que se eliminaran en la ciudad de Beziers a las tres cuartas partes de la población: niños, mujeres, sin importar su filiación religiosa (unas ocho mil personas). Se trataba de un golpe de efecto para demoler la moral de los ejércitos herejes y hoy en día se consideraría un delito de lesa humanidad. Los Cátaros y albigenses, como las brujas también combatidas por Inocencio III eran los enviados de Satanás, y una vez más, la iglesia debe poner freno al adversario para evitar la catástrofe. Cabe señalar que luego de esto, Simón de Monfort, destacado por su catolicismo a ultranza y por su extrema crueldad, es considerado en su muerte con los honores de un santo.

El argumento sería que de no haberse cometido esos crímenes, Satanás hubiera entrado al mundo a través de los herejes, y los resultados habrían sido mucho peores.

5) Las Brujas

Ya mencioné en otro lugar el Malleus Maleficarum, que pasó a convertirse en un manual de bolsillo de los inquisidores para luchar contra las brujas. Se partía de una amenaza de Satanás que debía ser enfrentada con urgencia, y la forma de hacerlo era realizando las tareas inquisitoriales en toda población de Europa, pequeña o grande. El resultado fue la muerte de miles de mujeres, condenadas a morir en la hoguera por su presunto comercio carnal con el demonio.

6) El Buscador Cristiano

De este modo, gran cantidad de la energía del buscador de origen cristiano, se vuelca en identificar los representantes del maligno. Esto genera un sentimiento de peligro inminente, que tiende a crear cercas para protegerse, cuando toda búsqueda debiera ser la apertura de horizontes, el derribar de las murallas, el dejar que surja esa instancia luminosa que pugna por brotar. Cabe señalar aquí que ciertas cualidades positivas del dios Marte (6), como la valentía y la temeridad son necesarias para el buscador. Debe enfrentar los abismos, las bocas de los volcanes y si es necesario sumergirse en ellos, confiando en que regresará renacido.

7) Sócrates y su daimon.

I m not there

En el contexto platónico, el Daimon que animara a Sócrates inspiraba en el filósofo una visión singular sobre los problemas últimos de la vida y lo llevaba a desarrollar sus incómodas indagaciones a los ciudadanos atenienses. Esta entidad se presentaba como el mal: lo apartaba de los caminos establecidos, de las interpretaciones heredadas, irrumpiendo como un terremoto en el ámbito de la individualidad cotidiana . El Daimon, a quien   Platón considera en El Banquete como una divinidad intermedia entre los mortales y los inmortales y que sirve de mensajero entre unos y otros.

En efecto, esta entidad es la que expone la vocación y el llamado; la dimensión mítico ritual que corresponde al desarrollo de una individualidad. (7) En el caso de Sócrates, dicho llamado y su respuesta afirmativa, lo conducen a la condena a muerte. La voz que resuena en el interior muchas veces va acompañada de la tendencia al caos, y si hemos recibido una formación dogmática, si nos hemos vuelto temerosos, al recibir el  reclamo, lo rechazaremos como una suerte de tentación. Según el punto mítico de la palingenesia, perderíamos entonces la rara oportunidad que hemos tenido de manifestarnos en el estado humano (8). Lamentablemente es lo que ocurre con la mayoría de los occidentales; su temor a caer en el mal, la carga mítica de culpa que establece el mito de drenaje que cuenta el pecado original, y la tendencia machacada en nosotros de apartarnos de todo lo que huela a maldad, muchas veces sin detenernos a analizarlo,  hace que se rechace la presencia del Daimon en el momento en que aparece como una  tentación, a veces presentada como una parafilia sexual, otras como un viaje o una postura diferente a la tradición en que fuimos formados. En el caso de la parafilia, la represión acompañada de la destrucción lingüística y semántica que realizara la iglesia en relación al sexo durante dos milenios, presenta serias  dificultades para trasladar la tendencia al marco de realización espiritual.

En resumen, nuestra negativa a aceptar la llamada profunda por identificarla con el mal, justifica la frase del Dalai Lama referida al hombre occidental: “Vive como si nunca fuera a morir y muere como si nunca hubiera vivido”.

(1)   Curiosamente es el libro canónico que más se acerca a los postulados jesuánicos, sólo que está narrado en términos de absoluta sincronía y de cero diacronía. Además es de un fuerte contenido antirromano (el 666 denota el número del nombre de Nerón), El problema es que desde muy temprano, se lo interpreta en una plena diacronía, en un carácter profético vinculado al fin de la historia líneal y acotada al mundo de los hombres.

(2)   Es el equivalente a la “escoria” de la alquimia: no puede ser desechada y deberá recogerse con cuidado para elaborar la obra final.

(3)   La excepción sería el daimonio Mara, que un momento antes de su Iluminación, tienta al Buda para que se mantenga en el Samsara. Sería interesante realizar un estudio comparado del diálogo que ambos mantienen con muchas concepciones cristianas, en especial cuando el daimonio alaba la vida familiar y se desarrolla el juego de palabras entre Sukkah (felicidad) y Dukkah (Sufrimiento). Es posible que esta personificación del mal, una de las pocas en la historia de la espiritualidad de Oriente, haya influido en el Cristianismo, así como las parábolas de Jesús se hayan contenidas en su totalidad en los sutras, En todo caso, Mara es una realidad puramente sincrónica, un reflejo del propio Buda al que el mismo se debe enfrentar para llegar a la iluminación.

(4)   Paradójicamente, podría afirmarse, siguiendo un axioma de la religión hinduísta, que quien odia a Dios llega más rápidamente a unirse con él que aquel que lo ama, ya que el odio implica una pasión mucho más fuerte en cuanto a su objeto.

(5)   Está en preparación el artículo titulado “La Genealogía sincrónica”, que desarrolla el concepto por el cual el verdader árbol genealógico se encuentra en estas presencias interiores que conforman la personalidad y que constituyen nuestros ancestros o nuestra descendencia sincrónicos. Los diacrónicos son nuestros antepasados convencionales, y la estructura que forma el árbol o la sucesión de las generaciones, puede coincidir o no con la genealogía interna (Una y otras se encuentran unidas como el soporte al símbolo), formada por estas presencias que son las principales, las que condicionan nuestra verdadera descendencia.

(6)   Otro artículo también en preparación es “Marte y Ares o Roma y Venezuela”, donde señalo y desarrollo la presencia del dios en Roma, su trasvasamiento a la iglesia católica y finalmente su dominio secular en la sociedad actual.

(7)   Es de destacar el rescate decisivo que realizo del término individualidad, considerado en el contexto guenoniano como algo absolutamente secundario. Considero que el mismo establece la dimensión singular y precisa, el escenario concreto donde se desarrolla la realización espiritual que se genera con la iniciación.

(8)   El Buda Nichiren Daishonin establece el siguiente símil para señalar lo difícil que es nacer en el estado humano: imaginemos una playa muy amplia, que se extiende de horizonte a horizonte. Si nos detenemos y tomamos un puñado de arena en nuestra mano y luego golpeamos el dorso, los granos que quedan es el número de posibilidades de manifestarnos en el actual estado.

GOCHO VERSOLARI

 

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