SACERDOTES Y CHAMANES II – Cosmovisión Tradicional Chamánica. / Gocho Versolari

 

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Nota previa:

 

En este artículo, exactamente en la página 8, luego del cuerpo central, empiezan los apéndices, a saber:

  • Apéndice 1: ACERCA DEL INDIGENISMO

Por Jorge Enrique Montero Figueroa‎ –

Publicado en CONVOCATORIA A PATAFISICOS, CREACIONISTAS, DADAISTAS, PRENDESISTAS y etc. Facebook –  16 de octubre de 2017.

  • Apéndice 2: Acerca del proceso de Fragmentación
  • Apéndice 3: Introducción a la “Pipa Sagrada” por Aukanaw
  • Apéndice 4: “La Ciencia Secreta de los Mapuches” por Renü Aukanaw.

 

  • Comentarios sobre la obra de Renü Aukanawel y la cosmovisión tradicional aborigen.

 

Renü Aukanawel[1] fue un sabio mapuche que escribió una profusa obra  mítica y tradicional sobre la cosmovisión de su sociedad de origen. Fue  contemporáneo de Guénon y en el apéndice, transcribo la introducción que realizara el autor al libro  Hekapa Sapa-  Black Elm Speak, en el que  realiza una interesante crítica  al autor francés.

En la década de 1930, Aukanaw descubre que la sociedad mapuche tiene dos historias: una, la del pueblo en todos sus acontecimientos cotidianos:  hechos bélicos, cambios de territorios , Artefactos Mítico Rituales y otros detalles. La otra historia, de carácter mítico y a la que accede por un hallazgo arqueológico al que aborda y relata con visión  mapuche, es la que habrían tejido  sabios    ocultos del resto del pueblo; los que  elaboraran la profunda, complicada y abarcadora  cosmovisión mapuche.

 

Aukanaw

La suma escrita por Aukanaw, profunda y compleja, es considerada por muchos como el equivalente chamánico [2] de la obra de Guénon. No es este el lugar para desarrollarla, ya que una interpretación de la misma llevaría varios volúmenes. El objetivo de este artículo es apuntar por un lado a la importancia de esta vasta obra y al hecho de que los  protagonistas de las sociedades en las que aún subsiste la tradición, son capaces de realizar una interpretación y eventualmente una resurrección de la cultura y la cosmovisión del pueblo originario.  

 

  • El enfoque chamánico tradicional.

 

Cabe señalar que este texto de Aukanaw forma parte de una de las introducciones a la obra de Hekapa Sapa o Alce Negro, uno de los últimos representantes de la tradición viva de los Sioux. Habiendo podido alternar con los actuales protagonistas de dicha tradición aquí en Estados Unidos, constaté que  los mismos consideran este libro como una fuente autorizada y es parte de su material de estudio.

En el texto citado (Expuesto en su totalidad en el Apéndice 3), además de comparar las afirmaciones de Guénon con la tradición viva de  los mapuches en relación al rayo y las piedras que derivan del mismo, Aukanaw  afirma:

Sobre el tema de la Tradición Aborigen el Sr. Schuon ha ido más allá que René Guénon.

Si bien ambos tienen limitaciones sobre este punto, puesto que nunca se pudieron apartar totalmente de su manera occidental de pensar -hecho que se evidencia en sus escritos-, no obstante, sus obras son de gran valor para las cuestiones hierológicas.

Schuon no cae en los mismos errores que cometió Guénon al tratar algunos temas indígenas, errores surgidos por tomar conocimiento de nuestras culturas tan sólo a través de la literatura antropológica (obviamente distorsionada y distorsionante) en vez de hacerlo por medio del contacto directo. Algo semejante le sucedió también al estudiar el taoísmo mediante referencias poco fidedignas.

Esta observación breve y como al pasar tiene gran peso, ya que esto es de lo que adolecen los estudios tradicionales: el contacto con la realidad en aquellos sitios en los que están vigentes los Artefactos Mítico Rituales vinculados con una tradición primordial. Cabe destacar que Aukanaw tiene gran respeto por la obra guenoniana. Sus críticas a la misma no la descalifican, como no podía ser de otro modo, debido a la complejidad y a las múltiples aristas de la suma del autor francés.

Por el momento baste resaltar y reiterar, que Aukanaw plantea una postura propia, una forma de interpretar la tradición que arranca de su propia experiencia como mapuche. Su obra demuestra que las civilizaciones basadas en lo sagrado,  tienen una capacidad propia de restituir sus principios y recomponer los lazos rotos luego de un importante período de oscuridad. No hace falta posturas externas que así lo establezcan

En el caso de los mapuches hay un profundo silencio en cuanto a su tradición. Se la preserva de cualquier filtración; a diferencia de los aborígenes de América del Norte, que tienen una estructura más preparada para expresar los lineamientos básicos de sus Artefactos Mítico Rituales. El celoso ocultamiento de los mapuches se explica por las sucesivas y profundas fragmentaciones (Desarrollo brevemente el concepto de Fragmentación en el Apéndice 2) que ha sufrido la civilización y la cultura autóctonas. En el caso de los Renü, por ejemplo, la mayoría fueron muertos a instancias de los sacerdotes católicos que pretendían acabar con el núcleo de la tradición. Los mapuches fueron además las víctimas por excelencia de la llamada Conquista del Desierto, protagonizada por el General Julio Argentino Roca que consistió en una tarea de exterminación y genocidio de todo un pueblo.  La fragmentación continúa hasta hoy dada la pretensión de empresas como Benetton de apropiarse de las legendarias tierras de los mapuches. Cabe acotar que los mismos se encuentran asentados en importantes reservas de petróleo, gas y diferentes formas de energía sobre las que occidente ejerce una especial glotonería.

  • Capacidad de las sociedades chamánicas  tradicionales  de exhumar y exponer sus fundamentos.

 

Cabe señalar que la auténtica tradición no se encuentra en instituciones colapsadas desde el punto de vista espiritual como la Masonería o la Iglesia Católica. Ambas se presentan como enormes monumentos funerarios, llenos de cadáveres envueltos en la ensoñación de estar cumpliendo viejas ceremonias, de las que se ha perdido por completo el sentido original. [3]

Las sociedades basadas en un centro sagrado son las que mantienen vivos los Artefactos míticos rituales, elementos constitutivos de  la trama, el tejido y la existencia de la tradición.

En cuanto al trabajo de Aukanaw, dejo que el lector  acceda a él y lo estudie acabadamente. Me limitaré a transcribir una frase de Marie Dubois, la etnóloga que hiciera en su momento la recopilación de los escritos del pensador mapuche y cuya completa introducción se encuentra en el Apéndice 4.

Los Mapuches poseen una tradición cultural milenaria, la cual se manifiesta en un corpus de conocimientos de orden trascendente, cosmológico y religioso; una auténtica CIENCIA SAGRADA que los coloca -en este sentido- en un pie de igualdad con muchas culturas clásicas, como ser las de China, India, Grecia, Roma, Asiria, etc. Se trata de un Saber que se nos muestra como SECRETO al ser transmitido en forma oral, y en sus aspectos más profundos, por vía directamente iniciática

 

 

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  • Acerca del Indigenismo” por Joge Enrique Montero Figueroa

 

En el primero de los apéndices transcribo el “post” que enviara el Sr. Jorge Enrique Montero Figueroa a la lista de Facebook ‎CONVOCATORIA A PATAFISICOS, CREACIONISTAS, DADAISTAS, PRENDESISTAS y etc.

 

En el mismo, el autor señala

 

En una nota anterior, siguiendo los lineamientos generales de la selección de las tradiciones conforme las orientaciones de Julius Evola, hemos indicado la importancia de nuestro pasado imperial, es decir, los imperios maya, azteca, incaico e hispánico.

 

Cabe señalar que la formación de los imperios en el pasado precolombino, marcaron una decadencia en relación con la vivencia de la tradición. Este hecho, que merece un análisis mucho más profundo, se observa en el imperio incaico: de carácter desequilibradamente solar, con toda su tradición volcada en la piedra, sus dirigentes reescribieron varias veces la  historia para otorgarse más antigüedad. [4]Por razones míticas, otro imperio con las mismas características belicosas y basadas en una pseudo tradición, como fue el imperio hispánico, los sometió brutalmente.

 

A la sombra de los incas vivían los Aymaras, unidos a la tierra, siendo el Ayllu su fuente de culto y subsistencia, mucho más vinculados a una tradición primordial y sin apetencias de poder. El resultado es que actualmente los Aymaras siguen viviendo, celosos de su tradición, con una postura irreductible frente a la cultura occidental, mientras que los Incas se han extinguido.

 

La obra de Aukanaw es el resultado de la sabiduría de un pueblo que nunca traspuso su tradición en la piedra; que no formó imperios ni sojuzgó a otros y que precisamente por eso, conserva en términos más inalterables la tradición primordial.

 

  • La “Imperiofilia” de Julius Evola.

 

 

El Sr. Montero Figueroa, en su breve reseña, sugiere la obra del pensador italiano Julius Évola, discípulo de Guénon, como marco teórico para abordar, guiar y dar forma a  lo que él llama “el indigenismo”.

 

Como la obra de Guénon, reconozco que la de Évola es igualmente compleja y tiene el mérito de haber puesto el foco de ciertas corrientes de investigación occidentales sobre el tema de la tradición. Sin embargo, merece un enfoque crítico al igual que la del autor francés. No es este el lugar de realizarlo. Volveré sobre Évola, representante acabado de la llamada “Rebelión de los Kshatriyas”, en varios artículos que se hallan en preparación, a saber:

 

“Marte y Ares – El predominio del “Dios de la Ira”

“Apología del Psicoanálisis” y , “Apología de la teoría Queer”

 en la línea del Sexo Iniciático.

 

Lo más importante, y yendo a la conclusión de este artículo, es que una obra compleja y profunda como la de Aukanaw, superior en mi opinión y en muchos flancos a las obras de Évola y Guénon, demuestra que las tradiciones de nuestro continente no requieren de ningún préstamo foráneo para reconstruirse a sí mismas. En ellas está el germen de su resurrección, que se desarrollará cuando las condiciones estén previstas, y la forma que adoptarán no será la de imperios y tampoco la de sujeciones a dominadores como ha venido ocurriendo hasta el momento. Posturas de tipo chamánico, lo que las hace muy cercanas a la tradición primordial y al “Tiempo Cero”, son también en mi opinión, muy superiores al contenido del dogma de Roma. Son ellas las que estarían en condiciones de exhumar lo positivo que pueda haber en obras como las de Guénon y Évola así como en otros pensadores de occidente. Son ellas las que tienen la potencialidad de esclarecer y dirigir la misión de la humanidad, sin recurrir a ningún aparato imperial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

APÉNDICES

 

 

  • ACERCA DEL INDIGENISMO

Por Jorge Enrique Montero Figueroa‎ –

Publicado en CONVOCATORIA A PATAFISICOS, CREACIONISTAS, DADAISTAS, PRENDESISTAS y etc. Facebook –  16 de octubre de 2017.

 

 

 

«En su obra magna, «Rebelión contra el mundo moderno” (pág. 29 en Ediciones Heracles), nos dice Julius Evola:

 

«En la presente obra, debemos limitarnos a dar principios cuya aplicación y desarrollo adecuado requeriría tantos volúmenes como son los capítulos escritos como base para ordenar y profundizar ulteriormente…»

Esta tarea de desarrollo de la temática evoliana es la que deben afrontar, hoy en día, los tradicionalistas. El padre Leonardo Castellani, nacionalista argentino, decía que el deber de la intelectualidad era pensar la Patria. Evola, nos propone ampliar ese horizonte; es decir, pensar la Tradición.

Todo esto viene a cuento de que en nuestra América se desarrollan fenómenos sociales y políticos que deben ser interpretados a la luz de los Principios Tradicionales; y una de esas cuestiones es la del indigenismo.

Pululan, en nuestro continente, corrientes marxistas y progresistas que han erigido al indígena en el «buen salvaje» de Rousseau: un ser impoluto, bondadoso, ingenuo, y que desde hace 500 años es vilmente explotado y esclavizado por los malos europeos, empezando por los españoles. Y esto tiene un objetivo claro que, consciente o inconscientemente, apunta a socavar y a derrumbar lo que podemos rescatar de nuestro pasado imperial. Y aquí tenemos que hacer una crítica a Julius Evola. En una poco feliz frase que se lee en su «Jerarquía y democracia» (pág.17, Ediciones Teseo), y refiriéndose a las civilizaciones que se conservaron en estado de momias, Julius Evola dice: «Entre los más conocidos, un caso típico es el ofrecido por el Perú antiguo, por ese magnífico e inmenso imperio que, para ser destruido, fue suficiente, apenas, con un puñado de aventureros». Por nuestra parte, comentamos: ¡Vaya aventureros, que trajeron nuestra religión católica y nuestro idioma castellano¡

Y esto lo decimos porque un progresista, basándose en esa frase, ya nos dijo que, Julius Evola, era indigenista. De todas maneras, ese dicho aislado no afecta para nada las líneas generales del pensamiento evoliano. Julius Evola no fue historiador, y nuestra América, y el Imperio Hispano, casi no se mencionan en su vasta obra. Somos nosotros los que tenemos que completar la tarea aplicando las categorías del mundo tradicional a nuestro continente indio, mestizo, negro y blanco, mal que les pese a las actuales corrientes europeas racistas y pro-sionistas.

En una nota anterior, siguiendo los lineamientos generales de la selección de las tradiciones conforme las orientaciones de Julius Evola, hemos indicado la importancia de nuestro pasado imperial, es decir, los imperios maya, azteca, incaico e hispánico. Esa referencia nos pone por encima de las falsas alternativas modernas que se nos presentan. Por un lado, la exaltación del indígena en contraposición con la herencia hispánica; por otro lado, la exaltación de lo hispánico y el desprecio de la indígena. La primera corriente sustentada por marxistas y progresistas; la segunda, por el nacionalismo católico. Ambas deben ser criticadas por lo que es superior. Nos seguiremos ocupando del tema en próximas notas.»; [Julián Ramírez, San Carlos de Bariloche, 14 de mayo del 2013]

 

(Doy conocimiento de este texto gracias a don Ricardo Garavito]

 

  • Apéndice 2: Acerca del proceso de Fragmentación

Explicaré de modo breve el proceso de fragmentación. Se trata de una actividad mágico-mítica que intervino de una forma bastante complicada en el caso de la aprehensión y la muerte de Jesús. El objetivo es obtener resultados precisos en el mundo material y se utiliza muchas veces para atacar a alguien, hacer colapsar algún proyecto o eventualmente producir la muerte. [5]En realidad la fragmentación, así como el proceso opuesto y complementario, la desfragmentación, son armas de guerra que se ejecutan a partir de la preeminencia de Marte, o “El Dios del mundo de la ira”, que fuera entronizado en el Imperio Romano.

 

La fragmentación   es la operación primaria y se relaciona con la magia simpática, cuyo fundamento es que  en determinadas condiciones rituales, lo que se produzca sobre un elemento preciso, concreto de la vida cotidiana, tendrá consecuencias inmediatas en el mundo, ya sea en los acontecimientos humanos como en los naturales. De allí que tengan importancia los fluidos del cuerpo de aquel que produce la operación y del que la recibe, así como el cúmulo de cantos, oraciones e invocaciones que acompañan al proceso.

 

En términos prácticos la fragmentación puede efectuarse con agua, viento o cualquier elemento sutil que tenga las características de trasparencia y fragilidad. En general se elige el vidrio, más precisamente el cristal, ya que el mismo representa en términos míticos una superficie de agua coagulada.   Se procura que el elemento sea escogido entre lo más granado de la zona y elaborado con mucho cuidado. Hay cifras   que permiten establecer el radio de la circunferencia y en especial el grosor de la plancha. Una vez que se haya conseguido, se completa a través de fluidos esenciales de la persona (grupo o país) con el que se vaya a identificar la plancha.  Entonces se inyecta en el vidrio estos fluidos, los principales de los cuales son sangre, saliva, y fluidos genitales de la persona sobre la que se quiere realizar la fragmentación. Una vez conseguido. Se los deja reposar durante al menos siete días, y luego con un martillo especial se golpea el centro de la plancha. Este golpe, que consiste en la fragmentación propiamente dicha, requiere del ejecutante un alto nivel de entrenamiento. Al efectuarse, se produce en la plancha una leve grieta, imperceptible a simple vista. Sólo se advierte por un tono disonante cuando al cristal se lo golpea. Si el golpe está bien asestado, en el curso de diez días el vidrio debe terminar de fragmentarse, no sólo separándose en la parte central que recibiera el golpe, sino revelando las ramificaciones de la fragmentación. Las mismas expresan un lenguaje complicado que hace referencia al tipo de mal que afectará a la víctima. Es de suponer que quien lleva adelante el proceso tendrá el conocimiento para identificarlo, aunque en muchos casos para realizar la lectura se suele llamar a otra persona especializada en la misma. De lo que se descifre, surge  la cantidad de sufrimiento, el tiempo que aún permanecerá con vida, etc.

 

La desfragmentación es el proceso opuesto que puede ser ejecutado por la supuesta víctima o por alguien en su nombre. Consiste en utilizar la fuerza de la fragmentación y revertirla, para lograr con esto que el resultado que pretendía ser nefasto se convierta en favorable. Ambos procesos se requieren mutuamente y forman una unidad.

 

Obsérvese que el proceso mítico que los sostiene está relacionado con una forma extrema de visitar el caos y emerger del mismo; forma extrema que adquiere el aspecto de una guerra, de un hecho bélico en el plano espiritual, lo que corresponde a la época anormal en la que se vive, donde el ksatriya, sea cual sea la forma que adquiera pasa a tener el control y el poder totales. [6]

 

La fragmentación y desfragmentación de Jesús, es un ejemplo casi arquetípico sobre el que volveré en un estudio por separado, debido a la extensión y las particularidades esenciales que presenta. Baste agregar que el proceso y sus dos partes, se refieren al movimiento incesante de los astros, que pierden su armonía para volver a recuperarla, y que llega al género humano como la necesidad de sumergirse en caos que a lo largo de una vida pueden adquirir diversos aspectos, para emerger de ellos en busca de un nuevo equilibrio. En otras palabras, la fragmentación y desfragmentación, no hacen otra cosa que seguir las leyes profundas de la realidad, y negar la existencia de dogmas y doctrinas que se caractericen por la inmovilidad.  

 

 

  • Apéndice 3: Introducción a la “Pipa Sagrada” por Aukanaw

 

 

El presente trabajo de Frithjof Schuon fue publicado como la Introducción del libro LA PIPA SAGRADA de Hehaka Sapa (Alce Negro) (transcripto por Joseph Epes Brown), U. of Oklahoma Press, 1953. Las ediciones españolas actuales suelen omitir esta Introducción a la obra de Sapa, o lo venden como separata para conseguir mayor lucro, descontextualizándolo.

Ese escrito -escribe Aukanaw- es una excelente consideración sobre la Tradición Espiritual Aborigen. Si los antropólogos se tomaran el trabajo de leer al Sr. Schuon, podrían ver de una manera simple y profunda las cosas tal como son y no como ellos las imaginan.

Sobre el tema de la Tradición Aborigen el Sr. Schuon ha ido más allá que René Guénon.

Si bien ambos tienen limitaciones sobre este punto, puesto que nunca se pudieron apartar totalmente de su manera occidental de pensar -hecho que se evidencia en sus escritos-, no obstante sus obras son de gran valor para las cuestiones hierológicas.

René Guénon y Frithjof Schuon

Schuon no cae en los mismos errores que cometió Guénon al tratar algunos temas indígenas, errores surgidos por tomar conocimiento de nuestras culturas tan sólo a través de la literatura antropológica (obviamente distorsionada y distorsionante) en vez de hacerlo por medio del contacto directo. Algo semejante le sucedió también al estudiar el taoísmo mediante referencias poco fidedignas.

Un ejemplo de esto es la interpretación errónea que Guénon hace del concepto de «animal aliado», nawal o el wichan kulliñ en idioma mapuche.

Otro error bastante más grave es el que comete en su artículo «Las piedras del Rayo» cuando dice:

«La verdad es que «las piedras del rayo» no son sino las hachas de sílex prehistóricas, así como el «huevo de serpiente», símbolo druídico del «Huevo del Mundo», no es otra cosa, en cuanto a su figuración material, que el erizo de mar fósil……El hacha de piedra es la piedra que rompe y hiende , y por eso representa el rayo…»

Guénon conocía muy bien algunas cuestiones, pero en otros casos particulares ignoraba lo que cualquier campesino francés conoce tan bien como cualquier aborigen: las piedras del rayo NO son hachas prehistóricas, sino un producto de la naturaleza.

Piedras del Rayo o
Toki kurá

El rayo al caer e introducirse en el suelo a elevadísimas temperaturas funde en su trayecto materias minerales, arrastrándolas hasta considerable profundidad. Esas materias al enfríarse adoptan generalmente dos formas: la de hacha o la de cono, si el caso se da en las arenas de las playas o desiertos suelen aparecer los «candelabros» vítreos que mencionara Darwin en su famoso viaje por Sud América.

A partir de este conocimiento es que el hombre tradicional recoge estos elementos kratofánicos (soportes y manifestaciones de poder sacro) y sólo cuando carece del elemento «real» lo re-crea en piedra y ulteriormente en metales, ese y no otro es el origen del hacha que se conoce hoy día: una copia artesanal de algo natural.

 

Y una vez más el aborigen encuentra confirmado su saber tradicional al verificar que la forma que tiene la piedra del rayo es la más idónea para obrar como lo hace un rayo, es decir hendir arboles, o enemigos.

La piedra del Rayo, Toki kurá (en idioma mapuche), es una creación divina y no un invento humano.

La afirmación guenoniana «la piedra que rompe y hiende» aquí nada tiene que ver, la piedra del

Piedra del Rayo o
Toki kurá

rayo no solo representa al rayo, sino que ES el poder «coagulado» o «condensado» del mismo rayo, este es un asunto que los Mapuche conocemos demasiado bien, y está profundamente ligado al concepto del que Ud. me pregunta sobre F’ta Chao como Pillan y naturalmente al Pillantoki.

Como podrá apreciar Guénon siguió en este punto el error sustentado por los arqueólogos occidentales quienes catalogan las piedras del rayo como factura neolítica, en vez de seguir el saber Tradicional que no las considera tales.

Respecto al «huevo de serpiente» trataré de explicárselo lo más simple posible. Existe un fenómeno muy especial y bastante raro: en el campo o el bosque, bien de mañana, Ud. se puede encontrar de repente con un montón de culebras entrelazadas que conforman una especie de bola. Pero salido del asombro se percatará que no son «serpientes» apareándose, como a primer vista pudiera haber creído, sino algo así como un conjunto de haces de luz «espesos», plateados o brillantes, entrelazándose (disculpe mi falta de vocabulario para precisar este fenómeno inusitado), estando dotado todo el conjunto de cierto movimiento, pero sin trasladarse del sitio en que se halla.

A este fenómeno llamamos en nuestra lengua chiñid filu (cedazo de serpientes, chiñid= cesto para cernir, filu= serpiente), llepü filu (balai de serpientes, llepü= balai) o makod filu (montón de serpientes, makod= montón), estos nombres aluden a la semejanza que tiene el amasijo de «serpientes» este tipo de canastos de fibra entrelazada, y que, sin duda alguna, es el mismo fenómeno que en la Europa medioeval llamaban «nudo de víboras» o «reina de las víboras«.

Si Ud. respetuosamente les arroja algunas ramitas el conjunto se dispersará, también puede cubrirlo con una camisa o tela, y el montón desaparecerá como por encanto; en cambio hallará en ese sitio una pequeña piedra que suele ser negra y lustrosa, el «huevo de la serpiente» del que habla Guénon. Este objeto suele estar cargado de newen (=poder) y tiene muchas virtudes poderosas. Durante todo este procedimiento el mapuche efectúa una rogativa especial y ciertas circunambulaciones.

Esta piedra era lo que los druidas llamaban Glain Naddair y afirmaban con total acierto que era engendrada por una bola de serpientes entrelazadas copulando en la víspera de la noche del solsticio de verano, reputada con virtudes protectoras y salutíferas. Concordancia plena con la Tradición Mapuche. Confundir este objeto con un «erizo fósil» como lo hace Guénon o con un «cuerno de ciervo quemado» como Benito Feijoo (Teatro Crítico Universal), evidencia a todas luces que estos autores no conocían la realidad de este asunto, pero los druidas y los mapuche: sí.

Me preguntará ¿qué relación tiene esa piedra o «huevo» con las «serpientes»?. Le diré simplemente que ambas son una misma cosa: el montón de «culebras» es el aspecto no-ordinario del fenómeno, en tanto que la piedra o «huevo» es el aspecto ordinario. La virtud de la operación fué cambiar la percepción del operador de un estado «no-ordinario» de consciencia a otro «ordinario».

Este asunto es semejante a lo que le relaté, en otra oportunidad, respecto de ciertos finados que de noche tienen el mismo aspecto que cuando estaban vivos, pero de día quedan convertidos en unos carbones u otro objeto por el estilo; o al tema de los dones que uno puede disfrutar (manjares, objetos de oro, etc.) en ciertas reuniones de «brujos» o «Salamancas», los que percibidos desde la realidad cotidiana quedan reducidos a su modesto soporte material: piedras, agua, sapo, etc.

(Para mayor inteligencia de estos párrafos recomendamos al lector la lectura del escrito de Aukanaw “Medicina y Psicología Mapuche”. Nota de los Recopiladores)

Si se le ocurre buscar uno de estos makod debe tener cuidado de no hacerlo al atardecer, tampoco si las «víboras» son de coloración rojiza, pues el «objeto de poder» le acarreará perjuicios en lugar de beneficios, dada la polaridad negativa de este fenómeno. Algo semejante a las que ustedes llaman «luces malas»: las blancas y azuladas son «buenas», en tanto que las «rojas» son «malas».

Tomar este «objeto de poder» por un simple fósil, como hace Guénon, es otro resabio en su pensamiento de la cosmovisión occidental; cosmovisión que pretende reducir todas las cosas a su faceta material, negando aquellos otros aspectos que la trascienden.

Schuon estableció estrechos vínculos con miembros de la Nación Sioux, compartió ritos y bendiciones pudiendo así tener acceso a un conocimiento más veraz respecto a la Tradición aborigen que el que pudiera alcanzar Guénon por medio de la simple lectura.

Debemos a la feliz iniciativa del Sr. Schuon que Joseph Epes Brown, casi veinte años después que el señor John G. Neihardt salvaguardara gran parte del saber espiritual de Hehaka Sapa transcribiéndolo en el libro La Pipa Sagrada.

Muchas veces he leído en la literatura moderna mencionar a Hehaka Sapa como «chamán», eso no es correcto. No olvidemos que el chamán es un simple técnico de lo sagrado y su camino espiritual NO tiene como meta la realización metafísica. Hehaka fue un hombre santo que se hallaba en un rango jerárquico superior al de un simple chamán, pero inferior al de un renü mapuche o un amauta inkaiko, que en cambio sí tienen aquel objetivo.

Esto se evidencia claramente en la incapacidad de Hehaka para traducir la visión que podría salvar a su pueblo, tal como él mismo lo manifiesta acongojado .

Cuando examinaba los ritos sioux a la luz de la Tradición Mapuche me asombraron en una primer instancia las asombrosas concordancias, especialmente sobre la pipa sagrada y el inipi o cabaña de vapor. Unos años más tarde investigando nuestras plantas sagradas y en especial el tabaco pude descubrir un hecho fascinante: la pipa y los ritos sioux que de ella emanan (inipi, etc.) no serían simples concordancias en la raíz primordial y extrahumana del conocimiento espiritual, sino muy posiblemente serían de origen mapuche!!!

Esta especulación surgió de varios elementos:

Escenas del rito cosmogónico Inipi

Uno de ellos la mencionada similitud hasta los menores detalles de los ritos asociados a la pipa sagrada., y especialmente el inipi o cabaña de vapor, llamado en idioma mapuche «truftrufn» (hoy prácticamente olvidado por los mapuche comunes y por los machi).

El nombre de nuestro rito, Truftrufn, es la onomatopeya del sonido que produce el agua al tomar contacto con las piedras candentes: «trufffffffffffff, trufffffffffffff» (la «n» es verbalizadora, queriendo significar «hacer truf-truf» o mejor «truf-trufear»). En esa misma agua los sioux colocan prácticamente las mismas plantas (lawen) que nosotros, por ejemplo: la salvia.

La forma en que lo practican los pueblos de las llanuras norteamericanas difiere radicalmente de los practicados en el sur de ese continente, los primeros emplean piedras calentadas en tanto que los otros emplean fuego directo, se ve claro en esto último la influencia de la cultura maya.

Otro de estos fundamentos es que el uso de artefactos para fumar no se extiende en forma homogénea a lo largo del continente americano, sino que sólo existe en determinados nichos o «islas» culturales, siendo la mayoría de los pueblos usuarios de cigarros, atados o tubos para fumar. El uso de la pipa sería en cambio mucho más restringido. Dos de estas «islas» serían las llanuras norteamericanas y el territorio mapuche, existiendo un gigantesco hiato que abarcaría desde la región incaica hasta Centroamérica. Más curioso aún es la concordancia tipológica entre las pipas mapuche (kütra) y las sioux.

Es bien sabido que las pipas con cánula o cañón de madera son muy posteriores a las que carecen de ella. Las chan’non pa (pipas sioux) son de tipo moderno, las pipas sagradas mapuche son de tipo antiguo.

A estos elementos debemos sumar otro elemento bastante notorio: el tabaco.

La Nicotiana tabacum L. NO es una planta silvestre, sino que es una especie cultígena e híbrida que proviene de la Nicotiana tomentosum, planta silvestre de las yungas de Perú y Bolivia , y de la Nicotiana silvestris, que crece en Salta (Argentina). La hibridización de ellas ocurrió en el antiguo territorio de los Likan-antai, o atacameños, territorio intermedio entre las áreas de propagación de las dos especies silvestres.

El otro cultígeno, Nicotiana rustica, es un híbrido de dos especies silvestres que se encuentran en el Perú y en Chile. Por consiguiente proviene también de los Likan-antai. Y precisamente éste era el tabaco que fumaron los nativos americanos desde Quebec hasta Chiloé, evidencia que muestran los estudios de genética celular. Los Likan-antaino eran fumadores, sino que consumían el tabaco en forma de rapé, colocado en tabletas y aspirado por tubos especiales. Existen firmes indicios que permiten afirmar la posibilidad que la costumbre de fumar tabaco, y especialmente en pipa, es una peculiaridad mapuche desde cuyo territorio se propagó hasta el territorio sioux.

Si quiere encontrar más semejanzas peculiares observe los tipi sioux y las ruka de cuero mapuche-pewenche, la katan ruka

Viviendas mapuche-pewenche (S.XIX) Tipi norteamericanos

Otro elemento nos aporta la lexicología comparada. La palabra para designar al tabaco es:

P’trem en Mapud’ngu (Mapuche)
Petema en Omágua
Petí en Guaraní
Pitcietl en México
Petum en Brasil
Pytyma en Brasil
Petigma en Brasil

.etc., etc.

 

De aquí deriva el verbo pitar, por «fumar», vulgarizado en América, y de allí el «pitillo» español. Aunque he oído a algunos querer derivar el pitillo de «pito».

Un camino semejante tuvo nuestra palabra pulku (bebida alcohólica que resulta de cierta fermentación natural), llega hasta Norteamérica convertida en pulke.

Pero amigo esa es otra historia…

Aukanaw

 

 

 

  • Apéndice 4: “La Ciencia Secreta de los Mapuches” por Renü Aukanaw.

 

INTROITO por la etnóloga francesa Marie Dubois.

Antes que nada, quisiéramos decir algunas palabras acerca del título elegido para la presente obra:

«LA CIENCIA SECRETA DE LOS MAPUCHE».

Algunos lectores podrán sentir que tal vez sea demasiado altisonante, pretencioso o incluso poco

serio si es asociado a obras que, en un puro afán mercantilista, detentan títulos semejantes para atrapar

al lector desprevenido o ingenuo, ávido de recetas mágicas o relatos espectaculares y fantasiosos. Nada

más alejado del espíritu de éste trabajo.

La obra de Aukanaw nos transmite un mensaje, del cual el título elegido es síntesis: Los Mapuches

poseen una tradición cultural milenaria, la cual se manifiesta en un corpus de conocimientos de orden

trascendente, cosmológico y religioso; una auténtica CIENCIA SAGRADA que los coloca -en este

sentido- en un pié de igualdad con muchas culturas clásicas, como ser las de China, India, Grecia, Roma,

Asiria, etc. Se trata de un Saber que se nos muestra como SECRETO al ser transmitido en forma oral, y

en sus aspectos más profundos, por vía directamente iniciática.

Esta es, en general, una obra de Antropología; en particular, un sondeo por la Ciencia de las

Religiones, la Hierología, específicamente dedicada a la investigación de la cultura Mapuche como

«cultura chamánica».

La intención fundamental de esta antología es rescatar el pensamiento de Aukanaw, el cual comprende

a nuestro entender, una compleja línea de investigación y reflexión, absolutamente original y rica en

insinuaciones; como así también, los parámetros teóricos y metodológicos sobre los que organiza la

investigación hierológica. Y es que Aukanaw, más allá de ser un «observador calificado» o un

«informante», llega a convertirse en un verdadero exégeta de la cultura y la religión mapuches. Es uno de

los pioneros en hacer antropología cultural, o etnología, desde el «otro». Ya no es la voz de la cultura

dominante que describe un «otro extraño», sino la propia voz de una cultura que convoca a todo aquel

que quiera oírla, la propia voz de una cultura describiéndose a sí misma. Feliz «intimismo» preconizado

por Imbelloni y Eliade en el que Aukanaw nos brinda un tratamiento de la cosmovisión Mapuche a partir

del discurso mismo de la cultura que la elabora.

Mucho se ha dicho de la crisis actual de la Antropología, de su búsqueda por la experiencia «de la

otredad», del «otro», que inexorablemente vemos diluirse en la homogeneización y globalización de la

cultura bajo hegemonías poco menos que tiránicas. Pues bien, a nuestro parecer, la obra de Aukanaw

es, en este sentido, una «pieza única». Y así la definimos, puesto que aunque muchos otros

investigadores han tratado de incursionar en el tema, ya sea por prejuicios epistemológicos, o lisa y

llana ineptitud, rara vez pasan de «rascar la superficie», o tal vez se deba a que vivimos en una «época de

masas» en que los genuinos investigadores y pensadores escasean. Pocos como Aukanaw han

incursionado tan impecablemente en el tema de la investigación religiosa, trasluciéndose en sus

artículos la amplia formación humanística y una sana erudición que tan particularmente lo caracterizan.

Este tipo de estudios, bastante abandonados en la Argentina y Chile1, alcanza con Aukanaw un brillo

insospechado que nos permite considerarlo una de las máximas autoridades en la materia.

Su pensamiento abreva fundamentalmente en la cosmovisión aborigen y en la tradición oral, lo que le

brinda una perspectiva holística y sistémica mucho más amplia que cualquier enfoque puramente

occidental y académico.

Así mismo, si bien se considera independiente de cualquier escuela, reconoce la autoridad de René

Guenón en el ámbito de la Metafísica y la Cosmología; la de Frithjof Schuon, en la consideración de

aquellas en la Tradición Sagrada de los pueblos indígenas americanos. También estima como muy

importantes algunos aportes de Mircea Eliade para la Hierología en general.

Tiene a José Imbelloni por padre de la Hierología americana, injustamente olvidado por la moda del

estructuralismo de Lévi-Strauss. Aukanaw ha recordado (para todos nosotros) que Imbelloni fué

precursor -muchos años antes que Lévi-Strauss- en la aplicación de la lingüística de Saussure a la

etnología y en el desarrollo de un enfoque sistémico (la Culturología y el «pensamiento templario») que

supera ampliamente las limitaciones de la antropología estructural. Pero quizá el rasgo más genial de

Imbelloni -señala Aukanaw- haya sido el reconocer a «lo sagrado» como centro y eje de las culturas

arcaicas, posición diametralmente opuesta a las escuelas sociológicas de Durkheim, Mauss y Lévi-

Strauss. Rescata también del olvido los trabajos de Lucién Lévy-Bruhl. Por otra parte, encuentra en

Guillermo Magrassi -a quien elogia entusiasta- el pionero, en Argentina, de la Etnología «desde el otro».

«Las obras de estos autores junto a los Textos Sagrados de otros pueblos -dice Aukanaw- nos

permiten la reflexión sobre nuestra tradición y cosmovisión. Nos permiten entender que muchos otros

pueblos vieron, o ven, la Realidad como nosotros. Nos permiten revalorizar lo desvalorizado, recordar lo

olvidado, en suma, asumirnos como nosotros mismos».

Pero este reconocimiento no implica en Aukanaw, ni la consecuencia ni la obsecuencia, así lo veremos

-según el caso- efectuarles tanto severas críticas, como adhesiones elogiosas.

Con esta breve reseña, creo que el lector puede hacerse una idea de qué tipo de material encontrará en

la presente recopilación, conjuntamente con un esbozo de acercamiento a su autor, aunque justo es

decirlo, ninguna reseña puede darnos una aproximación a su pensamiento más acabada que la lectura

detenida de sus artículos.

Sólo nos resta aclarar que, por la misma naturaleza de éste trabajo, se encontrará con ciertos cortes o

irregularidades estilísticas que fué imposible remediar, teniendo en cuenta nuestra intención de hacerle

llegar los textos originales. Esperamos que su lectura le brinde la misma satisfacción que a nosotros, a

través de cierta atmósfera de descubrimiento emocionado y de reencuentro con un aspecto de nuestra

historia e identidad de americanos, largo tiempo condenada al silencio.

 

 

1 En Argentina prácticamente desde los tiempos de José Imbelloni, y Alfred Metraux ha existido un verdadero vacío

en el campo de la investigación hierológica. En cambio en Chile se aprecia desde fines de los años 80’ un incipiente

despertar en este sentido gracias a las obras de Rolf Foerster y Severiano Alcaman.

Marie Dubois

Etnóloga

 

 

 

Quien desee leer en su versión completa el libro de Aukanaw “La Ciencia Secreta de los Mapuches”, puede obtenerlo gratuitamente en el siguiente enlace:

 

https://drive.google.com/file/d/1gfn4z63xsMr7mddpCYPTGIlWO_2wMhZv/view?usp=sharing

 

Gocho Versolari.

 

 

[1] Renü, como lo aclaro más adelante, no es un nombre propio. Significa “cueva” y se refiere a sabios legendarios, poseedores y custodios de una legendaria enseñanza tradicional.

[2] El autor, familiarizado con la ciencia de los Renü, que así se llamaban esos sabios remotos, que elaboraran el conocimiento mapuche ocultos en las cuevas, afirma que el concepto actual de chamanismo está apartado de lo que fuera originalmente. Incluso propone no utilizarlo, al menos en el contexto de sus escritos, los que originalmente estaban dirigidos exclusivamente a los jóvenes mapuches, a fin de que los mismos se familiaricen con esa ciencia sagrada de  los sabios milenarios. Por mi parte sigo usando el término chamán, reconociendo que lo que afirma Aukanaw es en parte cierto, ya que el paso de los siglos y el olvido de una ciencia primordial, tradicional, han disminuido sabiduría y poderes en los médicos y brujos de las diferentes naciones aborígenes. Sin embargo, el mismo está lo suficientemente difundido y su connotación en términos generales, apunta a la realidad a la que se quiere acotar, en especial para lectores occidentales.

[3] Aclaro que cuando hablo de “cadáveres” en relación con ambas instituciones, no utilizo el término como expresión peyorativa. Parto de la base de que toda forma tradicional es algo vivo y que tiene un tiempo acotado de existencia activa. Es necesario que su centro inmutable se modifique en su expresión desde una generación a otra. En caso contrario, se producirá la inevitable muerte y la permanencia de las organizaciones en su cáscara o envoltura vacía, con una lamentable ilusión de vida.

[4] Estos detalles son claramente expuestos y desarrollados por Dick Edgar Ibarra Grasso en “La Verdadera Historia de los Incas”. Hago la salvedad que algunos pueblos, entre ellos los Saraguro en Ecuador, siguen venerando a figuras como Atahualpa, el último inca, ya que lo que llegó después fue mucho más sanguinario y cruel que el dominio de los Señores del Cuzco. Los Saraguro se obligan  a vestir de negro, como una muestra de luto eterno por la injusta muerte del último emperador incaico,  producto de una conjura  entre el poder eclesiástico y el militar.

[5] El proceso es mucho más complicado que lo que se describe en esta breve síntesis. De esta lectura puede surgir de que la fragmentación apunta a un “daño” a efectuar a la persona a la que está dirigida. Sin embargo, no siempre es así. En algunos casos se trata de devolverle la salud, por lo que se fragmenta una enfermedad, o ciertos aspectos de la persona que han crecido en exceso y que conforman lo que solemos llamar “posesión”.

[6] Más allá de la democracia representativa que teóricamente impera en muchos países del planeta, el nuestro es un mundo militarizado. Envuelto en una guerra sorda, policías y soldados son los que llevan adelante las acciones centrales, y tienen el poder final.

 

GOCHO VERSOLARI

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