El Grillo de Acero – Semblanza de Karlheinz Deschner.

 

 

El panorama filosófico de Occidente en los siglos XVII y XVIII estaba marcada por el debate sobre el problema del conocimiento. Realismo e Idealismo, Empirismo y racionalismo, las cabezas pensantes de Europa se debatían hasta la llegada de Emmanuel Kant. El filósofo advirtió que en el panorama intelectual, estaba la Física de Newton: todo un sistema que establecía marcos teóricos a los que respondía la realidad. Aquello debía servir para fundar nuevos paradigmas y superar las viejas antinomias. 


El hombre de los siglos XX y XXI no se plantea el problema del conocimiento, pero sí de un fundamento de su existencia. Las iglesias tradicionales, en especial el Cristianismo y todas sus variantes en Occidente, no brindan respuestas a sus inquietudes. El hombre actua siente que el ateísmo y el teísmo en sus versiones radicales y dogmáticas, conducen a callejones sin salida. Hay caminos nuevos que se perciben, tanto en el ámbito de la cultura como la búsqueda del sentido de la vida. A estos caminos la cultura religiosa los ha establecido como tabú. En otras palabras, así como a los filósofos del siglo XVIII les interesaba cómo conocer, al hombre contemporáneo le interesa cómo vivir, en especial cómo vivir conectado auténticamente con su espíritu..


En ese sentido,   Karlheinz Deschner en el siglo XX  con su colosal obra, es un nuevo Newton. El tema es la historia, no la física; sin embargo, las acciones definidas en el pasado, generan una suerte de grillo del que es imposible escapar. Los actos humanos nos definen, nos condicionan. Este concepto, que abreva en Oriente y en su concepción del karma, fue renovado en occidente por el existencialismo, en particular por la obra de Sartre y en Oriente por las grandes corrientes de espiritualidad: Budismo, Hinduismo y todas sus escuelas. 


A partir de aquí cabe preguntar: ¿qué llevó a que las estructuras de la iglesia, supuestamente formada en lo que fuera la doctrina cristiana, se convirtieran en lo opuesto a la prédica jesuánica? En los textos que han llegado hasta nosotros,  hay una constante y primordial valoración de la vida humana. En su insistencia de devolver amor a la maldad, de no resistirse al mal, había una referencia precisa y soterrada por cuestiones de clandestinidad, a la resistencia judía contra el Imperio Romano.   Jesús se oponía no sólo por principio a la guerra cruenta; estaba en conocimiento de la sucesivas masacres a las que llevaría la guerra y finalmente a la destrucción del templo. 


Sin embargo, a escasos tres siglos de su muerte, se levantó una estructura feroz, vengativa y sanguinaria, promovida por el propio emperador romano Constantino, quien de un modo u otro insufla en la nueva organización lo que fuera es espíritu de Roma.  De este modo,  la historia de la iglesia fue la historia del genocidio y la intolerancia; de la búsqueda denodada del poder y el sometimiento de los diversos pueblos.La propia Reforma de Lutero, no se salvó de este festival de muerte: el cismático monje agustino,  también fue promotor de guerras sangrientas y de persecuciones.   


Llegado a este punto, habrá quien intente refutar estas palabras, afirmando que la historia de la iglesia como suele ocurrir con todas las expresiones humanas, se trata de algo que no se puede pintar en blanco y negro, sino que se muestra en todos los matices de gris. Dejo abierto el debate, pero el mismo no podrá menguar el fuego de las hogueras, los asesinatos palaciegos y la intolerancia en todos sus matices. Insisto: la versión opuesta al mensaje jesuánico. 

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Admito la complejidad de la estructura de la iglesia. Lo que serían sus voces disonantes con la jerarquía, formando parte de un esquema hasta cierto punto calculado. Al respecto me remito a la entrada «Roma y Galilea».  Las jerarquías participan del boato, la pompa, el poder. Son la expresión de Roma. Galilea, como sector paupérrimo, fue donde se manifestara Jesús. La expresión en la Iglesia es el pueblo devoto, las mil formas de piedad popular que forman el otro polo de la tensión de la Iglesia. 


Galilea cuestiona. Cuando esta potestad de cuestionar toma una forma teórica que choca con Roma, ya sea con la doctrina o las jerarquías, se habla de herejía. En las circunstancias normales,  se permite un cierto grado de inconformismo; una disidencia medida, a fin de abarcar varios frentes, en especial frente a situaciones políticas.


Un ejemplo, uno de tantos, lo constituye la participación de la iglesia en la dictadura argentina del 74 al 83. Se sabe que en la misma las jerarquías eclesiásticas tenían un puesto privilegiado y que como en tantos otros casos, fueron proclives a la política de exterminio en el marco del terrorismo de estado que se llevó a cabo en esos años. Sin embargo, cuando llegó el momento de rendir cuentas, la iglesia publicó un volumen en el cual se sintetizaba la voz de todos aquellos que se habían opuesto a la dictadura. Dichas voces pertenecían a Galilea, es decir a esos sectores del clero o de los laicos católicos que habían sido perseguidos, y en muchos casos asesinados. Al hacer suyas estas voces disidentes, la iglesia seguía una maniobra repetida y exitosa: mostrarse como unidad y negar esa dualidad básica en su seno cuando así lo aconsejaba la conveniencia. 


Volviendo al caso de Deschner, lo que revela a través del análisis histórico es el grillo de hierro que sujeta a las iglesias cristianas; la densidad que forma el tejido de las acciones en los últimos dos mil años. y que encierran un majestuoso desprecio   de la vida humana. La monumental obra del historiador alemán es una base de la cual partir. En el terreno de la interpretación y las conclusiones, podemos estar en desacuerdo desde matices hasta puntos importantes , pero esta crítica nos sirve para desbrozar muchos aspectos que hacen a a la búsqueda espiritual de los lectores. . 


Además de la «Historia Criminal del Cristianismo» en nueve tomos, 
Karlheinz Deschner tiene otras obras de suma importancia. Una de ellas es «Historia Sexual del Cristianismo», en la que expone la evolución del dogma en relación con la sexualidad humana, su carácter de tabú y cómo esto afectó la iglesia. 


Las conclusiones de la obra de 
 Deschner no son necesariamente el ateísmo o el escepticismo. Si el lector continúa siendo católico luego de enfrentarse a la contundencia de los crímenes de la Iglesia, abogará necesariamente por una reforma profunda. Otra alternativa es rescatar lo que llamamos el Cristo Salvaje, es decir la figura  viva y a la que se encuentra en una relación directa y personal,  sin  que intervengan los filtros de ninguna estructura eclesial. 


Lo más importante es que los lectores, luego de navegar las páginas   de Deschner, inicien una etapa de búsqueda; de requerir nuevos fundamentos para su fe. 


GOCHO VERSOLARI

 

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