Respuestas a Karlheinz Deschner 1) Cristianismo y Budismo.

 

 

En la presente nota, quiero hacer algunas salvedades acerca del texto de Karlheinz Deschner: «El Dogma de la Divinidad de Cristo» . Reconozco que el mismo se encuentra muy documentado, y sirve tanto a los cristianos convencidos como a los que no lo están para que realicen una revisión acerca de la maquinaria dogmática con la que  ha llegado  a nosotros la figura de Cristo.

Mis diferencias con Deschner se refieren a una cuestión de contexto sobre varios puntos de su ensayo. El primero de ellos es  la prédica original de Jesús, relacionada con las influencias orientales, más específicamente con el Budismo.

Es con respecto a esta corriente religiosa que Deschner pormenoriza, y en realidad hay coincidencias profundas entre lo que fuera la predicación jesuánica y la enseñanza del Buda. El contacto entre ambas existió indudablemente, teniendo en cuenta que gran cantidad de las parábolas de Jesús recogidas en los Evangelios constan en los sutras del Buda  escritos cuatro siglos atrás. Se descarta una acusación  de copia; en ese entonces no existían los derechos de autor  y no estaba mal que una persona tomara elementos de otra religión y realizara una síntesis, ya fuera con motivos de enseñanza o para aplicarla a su vida y práctica personales. Esta situación es perfectamente válida en las religiones de oriente, las que no tienen un marco dogmático y confesional. Es perfectamente legítimo y bien visto, por ejemplo, que un chino tome a la vez posturas confucianas, budistas y taoístas para guiar su existencia. En otras palabras, utilizando las fuentes sagradas que lo rodean, el hombre puede y de algún modo debe, armar su propia postura religiosa, o mejor dicho su espiritualidad, atendiendo a la diferencia entre ambas desarrollada por Raimon Panikkar.

Luego de la muerte de Jesús y con el desarrollo de la incipiente religión, los cristianos de Roma se vieron en la disyuntiva de que el nuevo movimiento permaneciera como una religión chamánica limitada al judaísmo, o se convirtiera en una religión imperial; al menos lograr que Jesús formara parte del panteón romano. Para eso era necesario brindarle un marco de antigüedad por lo que se la entroncó en la tradición judía y se rodeó al nacimiento de señales milagrosas, como ocurriera con Buda, Zoroastro, etc. Del mismo modo, los apologetas gastaban tinta y saliva procurando demostrar que Jesús no había sido un goes, es decir un mago

Sin embargo, no era inusual que personajes como Apolonio de Tiana a quien también cita Deschner, viajaran a Oriente. Apolonio, cuya vida es un paralelo de la de Jesús, incluyendo los términos cronológicos de sus existencias, habría entrevistado a Brahmanes quienes lo consideraron  con características especiales y le brindaron conocimientos de suma importancia. Al parecer lo mismo hizo Jesús, tomando contacto con las escuelas budistas. Esto, brindaría a la inicial prédica jesuánica un tinte oriental, que se aplicaría a la tradición judía que le servía de base. En cuanto a la misma, Jesús habría pertenecido a una corriente esotérica del profetismo, quizá a la propia escuela de Isaías. Es de destacar que, en los escritos originales contenidos en la Biblia, hay diferencias de varios siglos entre unos y otros, y todos son atribuidos a Isaías. Es evidente que la escuela operaba al margen de la férrea tradición sacerdotal judía. En estos casos se usa la pseudografía, es decir que cuando un discípulo logra la identificación espiritual con el maestro fundador, estaría autorizado a firmar con su nombre.

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Volviendo al Budismo y al dogma de la divinidad: Buda es presentado como un hombre, que por su propio esfuerzo, logró trascender las limitaciones de su vida y acceder a una conciencia cósmica, a un estado de plenitud al que se lo designa como Iluminación. En ningún caso se afirma que sea un Dios,(1) e incluso sus palabras, transcritas por el discípulo Ananda, no forman textos sagrados, sino que son simples recordatorios de sus dichos. Algo similar ocurrió con los dichos de Jesús, recopilados en varias fuentes, no sólo en los Evangelios canónicos, sino en cantidad de textos que se han hallado hace unos años en Nag Hammadi. En otras palabras: el cristiano carece de libros sagrados. En cuanto a los Evangelios, los cristianos de Roma los presentaron como tales, siendo este un aspecto de la “venta” al Imperio Romano de la nueva religión.

Este contexto coincide con las afirmaciones de Deschner en relación a la subordinación de Cristo a Dios que se mantuviera en los primeros siglos. Jesús era un hombre, que por el desempeño del oficio de mago y por una serie de cualidades personales, había accedido a un grado importante de trascendencia. Presentarlo como un Dios, servía a los cristianos acomodados para edificar y aumentar el prestigio de la religión .

Entre los sutras del Buda, que ascienden a unos tres mil , hay uno de ellos que no fue puesto por escrito y se mantuvo a través de la trasmisión oral hasta el siglo I. Se trata del Sutra del Loto, en el cual el Buda manifiesta su verdadera naturaleza: no habría llegado a este mundo a fin de redimir a los hombres  una única vez, condicionado por el marco histórico, sino que su manifestación se habría producido a partir de un tiempo remotísimo, casi sin comienzo, en el que, una y otra vez, habría renacido en este mundo y en otros para cumplir con sus tareas de redención. Este marco es el que correspondería a la figura de Jesús. El mismo actuaría como un destacado Boddhisatva: en el contexto budista, dicha palabra se aplica a aquel que se apiada del dolor universal y procura calmarlo. Es el estado inmediatamente anterior al de Buda, y en varias corrientes del Mahayana se considera que aquellos llamados a entrar al Nirvana, cumplirían un voto de renuncia al mismo, hasta tanto todos los seres no estuvieran liberados de sus condicionamientos. De este modo, pasarían existencia tras existencia, renaciendo en sitios de gran sufrimiento y con la intención de transformar las circunstancias. Esta es la situación de Jesús, evitar esa entrada en la beatitud perenne por la piedad que le despertaban los seres que aún permanecían sumidos en el sufrimiento.

El conocimiento de la cosmovisión budista, es lo que permitió a Jesús introducir en su prédica el concepto de amor universal y de respeto a todos los seres. Esta concepción se oponía en forma radical a la postura marcial adoptada por el imperio que precisamente consideraba su origen en el dios Marte, en la guerra, en la posesión de territorios y en la aniquilación de personas. 

 

1) La única excepción sería el llamado Budismo de la Tierra Pura, según el cual el Buda Amitabha ocupa un paraíso llamado precisamente “Tierra Pura” y exige devoción a su nombre para que los fieles puedan renacer en dicho medio y librarse de los sufrimientos. En otras palabras, Amitabha, que en existencias anteriores fuera un monje y un emperador, llegaría a tener un status casi divino.

 

GOCHO VERSOLARI

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