El Cristo Salvaje III – «Sólo a mí me matarán. Volveré y seré millones»

Soy un cristo salvaje en la pared

Poema por María Eugenia Caseiro

 

 

—————————————————————————————————————————————–

El Cristo Salvaje III – Otra respuesta a Karlheinz Deschner

Gocho Versolari

 

En el reciente capítulo  de Karlheinz Deschner, “El Dogma de la Divinidad de Cristo”,  uno de los temas que toca el autor  es el del mesianismo implícito en las  formulaciones de  Pablo de Tarso: la tensión entre el tiempo actual y el de la llegada del Paráclito, es decir la segunda venida de Cristo.

 

Al respecto me referiré a una de las ramas del psicoanálisis muy poco conocidas: la Etnopsiquiatría, que establece la vinculación entre la locura individual y los condicionantes socios culturales de la misma. El libro más representativo de  esta corriente es el de Francois Laplantine: “Las Voces de la Imaginación colectiva – Mesianismo, Posesión y Utopía”. El autor señala que los estados que menciona, advienen cuando se produce un impacto contraculturativo en una sociedad hierológica, (para utilizar la caracterización de Renü Aukanaw). En dicha sociedad, que se caracteriza por la vigencia de su  centro sagrado, llega un invasor externo e impone sus propias pautas, destruyendo lo que hasta el momento había sido la razón de vida de la comunidad. Una de las formas de reacción es el mesianismo: diferir en el tiempo la llegada de una situación o de un personaje; ubicarlo en un futuro desde donde emitiría su acción benéfica y de algún modo actuaría sobre el presente.

 

La posesión es un proceso similar, pero dirigido al presente: el poseso, ante la opresión insostenible, cae en un estado de doloroso y agresivo éxtasis en el que actualiza a nivel corporal el paraíso perdido. Esta reacción es vista por el invasor como una conducta subversiva y en muchos casos se reprime como si se tratara de un levantamiento armado.

 

 La utopía finalmente también apunta al futuro, y consiste en una construcción mental, cuidadosa hasta la obsesión de ese paraíso, de la situación que se daba antes de la invasión, del desplazamiento del centro sagrado que sufriera la comunidad. Esta entelequia es la que a veces alienta y sostiene la resistencia armada de grupos de la sociedad colonizada contra el invasor.

 

Como se puede apreciar en los Evangelios, tanto apócrifos como canónicos, el discurso de Jesús está atravesado de Mesianismo, Posesión y Utopía. Ahora bien: ninguna de estas tres voces corresponde a una sociedad sana. Se trata de patologías míticas o para ser más precisos, de formas de reacción normales de las comunidades hierológicas, frente a una situación que no lo es. Para que se manifiesten es necesaria la dominación brutal y la destrucción súbita de los valores de esa comunidad que hasta el momento se nucleara en torno a dicho centro sagrado. 

 

En el caso de Galilea, el escenario donde se desempeñara Jesús, la dominación romana cumplía acabadamente con el rol de invasión brutal. El pueblo aferrado a varias tradiciones en las que se unían lo judío con otras influencias en especial las zoroastrianas, las egipcias y las griegas, se sentía apartado con violencia y de un modo cotidiano de su centro sagrado. Jesús no sólo representaba   consuelo mesiánico y salvífico en esta situación extrema; potenciaba estas reacciones como una suerte de «guerra mítica» contra el dios Marte, de quien los romanos se consideraban descendencia, a través del mito fundacional de Rómulo y Remo. Además, Jesús permitía que quienes estuvieran con él compartieran el Tiempo Cero, donde el cuerpo unido a la naturaleza obtenía de la misma, formas espontáneas de subsistencia.

 

Luego de su muerte, tanto sus discípulos inmediatos como el resto de sus seguidores, acentúan  el mesianismo, ubicando la venida del maestro en un futuro escatológico, separado de sí mismos, lo que divide la realidad en dos, ubicando lo sagrado que les fuera arrebatado en esa orilla inalcanzable, pero a la que se percibe con una dolorosa expectación.   

 

Este fenómeno es común a cantidad de sociedades que sufren el impacto contraculturativo de una dominación brutal. La frase “Sólo a mí me matarán. Volveré y seré millones” se atribuye a Tupac Katari, el líder que en la zona del Tahuantisuyo luchara contra los españoles junto a Tupac Amaru. El verbo “Volveré” está pronunciado en un futuro mesiánico, de la misma naturaleza que se le atribuye a Jesús. [1]

 

El asesinato de los hijos de Herodes por parte de su padre, reproduce el ritual de Rómulo, actualizado en forma constante por los emperadores y de este modo, el rey de los Judíos, se equipara a un emperador romano: de allí la acusación de traición, no sólo a Herodes, sino a los estamentos  sacerdotales aliados  del poder imperial. El sacerdocio oficial atacaba con violencia a las manifestaciones chamánicas y esotéricas que se daban en el pueblo judío y de las que emergieran figuras como Juan el Bautista y el propio Jesús. De este modo, Galilea sufría un ataque completo, no sólo por parte de los romanos, sino de sus propias clases dominantes. Reyes y sacerdotes formaban una unidad de poder con el imperio. La vinculación con el centro sagrado que los mantenía hasta el momento no sólo permanecía rota desde mucho tiempo atrás, sino que expresarla en forma pública estaba prohibido. 

raindrop-1913347_1280

Esto acerca a Galilea a los pueblos hierocéntricos que fueran arrasados por las dominaciones europeas no sólo en el resto de la Antigüedad y en la Edad Media, sino desde el siglo XVI: África como una fuente de provisión de esclavos hasta la invasión de la India por parte de Gran Bretaña en el siglo XIX. Los investigadores de la etnopsiquiatría, toman esta realidad colonial como base para estudiar las diferentes formas de reacción que se producen cuando una comunidad  hierocéntrica es fragmentada. 

 

Una  sociedad en condiciones normales no genera posiciones mesiánicas, utópicas o de posesión. Los grupos  que la forman se nuclean en torno a su centro y  lo sagrado está siempre presente en la vida cotidiana. El chamán y el sacerdote actúan en armonía, y en este marco no tienen sentido ninguna de las voces descriptas por los etnopsiquiatras. No se aspira a un futuro o a un presente escatológicos, porque no es necesario. Un mito contado a la luz del fuego; un ritual derivado de ese mito, constituyen un artefacto, un todo que aporta la presencia activa, viva de lo sagrado.[2]

 

El mesianismo, la posesión y la utopía se manifiestan cuando hay una situación de opresión insostenible, cuando la dominación ha desplazado y destruido los centros sagrados que servían de base a las  comunidades. Entonces se ubica en un futuro escatológico el alivio a dicha situación y la restauración de la condición primordial. Son formas de reacción Trimúndicas, es decir aquellas en las que se compromete el cuerpo, la mente y el espíritu de los afectados y que los lleva a armarse de sucedáneos que reproduzcan la sociedad hierocéntrica para no sucumbir.

 

El mesianismo en el cristianismo posterior.

 

La institucionalización del mesianismo en el cristianismo posterior al Concilio de Nicea, busca es establecer como algo permanente lo que no es sino una reacción frente a una situación de anormalidad. [3] La prematura muerte de Jesús, el fracaso de su plan salvífico dejan al pueblo en una crónica situación de desamparo. Tres siglos después de su ejecución, al declararse el cristianismo como religión oficial del imperio, la situación es la misma: se sigue planteando la próxima llegada de Jesús en un registro mesiánico, es decir una situación anormal que, incorporada al dogma, se vive como normal.

 

Mesianismo, posesión  y utopía, son formas míticas y rituales con las que la sociedad hierológica sometida se opone a las huestes dominantes. Son las armas de una guerra sorda, silenciosa, capaz de durar siglos, como de algún modo ocurre en muchos pueblos aborígenes de América. La Iglesia católica ha logrado congelar esta guerra por vez primera en la historia. La patología mítica del mesianismo, que en un momento fue una reacción normal contra una situación profundamente injusta y anormal,  se convierte en un medio de dominación. Galilea se sitúa en el centro de la iglesia, se la somete al dogma y a la vez a la dualidad que plantea una forma crónica de mesianismo, el cual también está contenido en el dogma. De este modo, se lo purga de toda su carga de oposición y resistencia y pasa a ser sujeto de dominación.

 

 

 

 

El Tiempo Cero

 

Las comunidades jesuánicas originales, se movían entre dos extremos: por un lado, la esperanza mesiánica y por el otro, la apertura del Tiempo Cero en un contexto de absoluta clandestinidad. El puente entre ambos era el oficio de mago que detentaba Jesús. En todo caso no existía en dichas comunidades una estructura jerárquica de poder. Se reproducía en ellas las características del tiempo primordial, cuando el hombre era capaz de expresar el cosmos en su propia existencia. El mesianismo de la iglesia excluye el Tiempo Cero, que en la prédica original era lo más importante.

 

Los hechos que ocurrieron en los dos siglos que siguieron a la muerte de Jesús, establecieron la llegada al poder del grupo selecto de los cristianos pudientes y habilitados para negociar con Roma. De ellos surgió  la iglesia jerárquica y el dogma. En el mismo, la caracterización de este mundo como “valle de lágrimas” y  la presencia de una dimensión celeste, donde se brindaría consuelo a los que sufren, es una prolongación de este mesianismo. Se deprecia la vida, lo sagrado que se encuentra en la misma, en el instante presente, por un futuro celeste donde los oprimidos encontrarían alivio celestial.

 

En otras palabras, la presencia de lo que llamo el Tiempo Cero, de comunidades unidas fuertemente a su centro sagrado, sólo existió en la época jesuánica. La fuerza   primero del  imperio, y luego de  la Iglesia, que hereda su poder, desarrollan  y fortalecen el Mesianismo:  patología mítica que se incorpora a la imposición de una monarquía jerárquica y marcial, impuesta por el clero.  

 

Es así que, desde entonces, el hombre cristiano es un hombre dividido. La realidad vital se somete a través del platonismo tardío y desvirtuado  de Agustín de Hipona, a una realidad celeste. No importan las guerras, las hambrunas, las injusticias, cuya gran mayoría llega desde la iglesia dominante. El mundo, la vida, son sólo sitios transitorios, donde el sufrimiento sirve de purificación para una futura existencia  en condiciones celestiales.

 

Mesianismo y Dogma

 

En la actualidad, son muchos los cristianos que al leer estas afirmaciones, reaccionan indignados. Como medio de refutación, vuelcan largas parrafadas de dogma, con la repetida afirmación de sus adhesiones al mismo. Como centro de poder, la iglesia maneja elementos muy sutiles para prolongar su dominación. Sabe que no es posible mantener una mitopatía crónica como es el mesianismo sin que se produzca en los fieles desequilibrios que puedan llevarlos a una rebelión contra el statu quo. La solución que encuentran es  ofrecer al fiel una barra ardiendo para que se aferre y de ese modo no naufrague en las aguas de la permanente escisión que implica el mesianismo. El dogma, que no puede discutirse y que constituye un elemento obligatorio de fe, cumple ese papel.

 

 Es en la Edad media donde el Mesianismo triunfa plenamente: establece un futuro próximo al que se lo puede intuir por la fe, pero siempre inalcanzable; un tiempo escindido, propio de la dualidad planteada por Marte, el dios regente del imperio romano.

 

Roma debe dominar siempre a Galilea y para ello toma la antigua e instintiva arma de una comunidad escindida y la vuelve contra ella. Nunca aceptaría una sociedad  que se bastara a sí misma en el plano espiritual, donde sus miembros encontraran el centro sagrado en ellos mismos. Un creyente volcado al espejismo del medio trascendente es un fiel con capacidad de ser dominado. Hipnotizado por esas entidades, se aparta de modo más o menos insensible del carácter sagrado de cada una de las cosas y personas que nos rodean.

 

La respuesta al mesianismo

 

Jesús por diferentes razones que iré exponiendo en diferentes artículos, es un ser que a pesar de haber sido crucificado no se encuentra muerto. Cuando esta afirmación se realiza en un contexto eclesiástico, es apenas una metáfora, ya que a continuación se afirma que se lo considera vivo en las estructuras de la iglesia, en los sacramentos, en el dogma, etc.

 fallow-deer-984573_1280

Sin embargo, la verdadera vida de Jesús   tiene una entidad propia, que no requiere de sacerdotes como intermediarios, ya que puede hablar por sí mismo.  No es tampoco una entidad espectral que deba llegar en una segunda e hipotética venida, sino que es alguien que nunca se ha ido.

 

Nuestra condición de haber nacido en occidente hace casi inevitable que nos encontremos con él en algún momento de nuestras vidas. Esto no implica una adhesión, ni a su persona ni a sus enseñanzas. Podemos aceptarlo en un grado mayor o menor, con condiciones o no; podremos negarlo, o simplemente reaccionar con indiferencia a su presencia y continuar con nuestras existencias. A este ser lo   llamo el Cristo Salvaje, ya que su presencia es  independiente de todo lo que se ha dicho sobre él, incluso de las afirmaciones evangélicas.

 

A fin de no extenderme demasiado, dejaré un par de enlaces a los dos artículos anteriores de esta serie que no ha terminado. Entre otras cosas, esta realidad del Cristo Salvaje está llamada a cerrar la brecha que abriera el Mesianismo en un momento de la historia eclesial, como una mitopatía crónica que dividiera al hombre hasta el día de hoy.

 

El Cristo Salvaje I – Introducción.

El Cristo Salvaje II – ¿Qué busca el Cristo Cerril? 

[1] Cabe señalar que dicha frase fue pronunciada por Eva Perón, en un discurso público y en las cercanías de su muerte a un pueblo que estaba amenazado por la pérdida de una posición y sobre todo de la  dignidad logradas durante su gobierno.

[2] Mi experiencia entre los Saraguros de Ecuador donde permanecí cerca de un año me ha permitido constatar esta situación. Cabe señalar que este pueblo aborigen nunca fue dominado por el español, ya que al producirse la conquista, ellos permanecieron ocultos hasta que las condiciones  les permitieron volver a manifestarse. De este modo, el Saraguro tiene presente a lo largo de su vida cotidiana el centro sagrado en torno al cual gira su comunidad. Esto le permite un estado de tranquilidad que calma esa ansiedad de lejanías. No quiere decir que vivan en un estado ideal o que esta situación los vacune contra todo tipo de problemas, pero al menos no necesitan de ningún estado de esquizofrenia metafísica en el que ubiquen en un futuro fuera del tiempo ese centro cuya presencia debe estar al alcance de todos los miembros de la comunidad.

[3]  Algo parecido ocurre con los “cultos de cargo”, contemporáneos, que se elaboran en Nueva Guinea y que tienen como objeto mesiánico buques cargados con mercancías, ocultos y preparados para el pueblo maorí. Los mismos llegarían en cualquier momento ya que estaban destinados a calmar en un registro mítico, las necesidades de la población dominada.

GOCHO VERSOLARI

 

2 Comentarios

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s