Sacerdotes y Chamanes IV – Las murallas del miedo.

 

Breve resumen de “Fisuras en la gran muralla” – Capítulo XXV de El Reino de la Cantidad… por René Guénon

 

  [1] hemos hablado de «fisuras» por las cuales se introducen ya y se introducirán cada vez más  ciertas fuerzas destructivas; según el simbolismo tradicional, estas «fisuras» se producen en la «Gran Muralla» que rodea a este mundo – afirma Guénon; la muralla a la que alude,  en condiciones normales, y según la opinión del autor, debería estar cerrada por abajo para evitar la filtración de esas  fuerzas “infernales” mientras que  permanecería abierta por arriba para permitir la llegada de elementos “celestes”. “…importa destacar que una muralla constituye a la vez una protección y una limitación, agrega Guénon, que además atribuye al materialismo contemporáneo haber cerrado la parte superior de esta muralla, permitiendo que afloren las influencias tenebrosas desde sus bases. Esto correspondería a una situación propia del Kali Yuga.

 

Guénon plantea en este capítulo tres cuestiones básicas:

 

  • La Muralla como elemento mítico de protección de la tradición primordial y de quienes la detentan y ejercen.
  • el supuesto Kali yuga en el que estamos inmersos
  • El supuesto carácter satánico del materialismo

 

En la presente serie de artículos, desarrollaré lo relacionado con la muralla. Los otros puntos, referidos al Kali Yuta y el supuesto satanismo que incluye el materialismo, me referiré en otros trabajos que quizá vayan alternando los presentes.

 

Reiterando el concepto de Guénon:  la muralla, sea  natural o levantada por el hombre, debería proteger a aquel grupo que detenta la tradición primordial; que podría continuar con los Artefactos mítico rituales presentes en la misma y custodiados por la poderosa  valla. Adelantando las conclusiones del artículo, diré que en toda construcción de muralla de acuerdo a este arquetipo mítico,  ocurre lo contrario. Las vallas construidas en el planeta y en diferentes períodos históricos, tomando como base la supuesta protección que rodea el mundo, sólo sirven  a gobernantes ansiosos  de poder, que señalan como enemigos a los auténticos representantes de la tradición primordial.

En un artículo anterior sobre el miedo y la cuestión iniciática, señalé la necesidad de diferenciar y eventualmente desarrollar dos tendencias o líneas de pensamiento  en Guénon a las que llamara “Guénon fóbico” y Guénon chamánico”. Evidentemente en lo que se refiere a la muralla, hay una influencia directa de la fobia o el miedo. La muralla es el miedo solidificado[2] y de hecho su construcción de acuerdo con este criterio responde siempre a un accionar del Chatria o Ksatriya, es decir de la casta guerrera, opuesta o aliada al estamento sacerdotal. Durante toda la antigüedad, la muralla es así  un símbolo de guerra, de defensa de un ataque. Su presencia supone que el cosmos está dividido en dos mitades, que albergan “los buenos” por un lado contra “los malos” por el otro.  

Como continuación del artículo precitado Sacerdotes y Chamanes III, seguiré con el tema del miedo, afirmando que la vinculación de Guénon de una muralla como la que describe a la tradición primordial, es un “mito de drenaje”, entendiendo por tal un relato que en su momento tuvo un sentido, pero fue deformado con la apropiación del poder por parte de las castas sacerdotales y guerreras, y la expulsión o aniquilación de la actividad chamánica. Se aprovecha la fuerza de un mito para dirigirla hacia un objetivo de poder. Algo parecido a lo que ocurre cuando se desvía el cauce de un río.   Cuando una fuerza militar, política o religiosa decide levantar una de estas murallas, lo hace movida por un intenso sentido de miedo. Como afirmaba más arriba, estas murallas impiden el paso a  aquellos   pueblos que mantienen valores vinculados a la  tradición primordial y a los que se vive como amenaza.

 En estos artículos  procuraré reinterpretar el sentido de la muralla, apartándome de lo expresado por Guénon y para eso diferenciaré entre Murallas naturales, artificiales, externas e internas.

Murallas naturales

Las entradas al inframundo.

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Guénon empieza el artículo refiriéndose a la montaña Lokaloka de la mítica hinduista, equiparando dicho monte a una barrera. Supuestamente esta valla evitaría que las influencias oscuras llegaran al mundo. Cabe notar que Lokaloka, como montaña mítica, separa al “mundo del no mundo”, en otros términos al ser de la nada.

Guénon, siguiendo a los apologistas cristianos, superpone impropiamente nociones, en este caso, el inframundo como un lugar destinado al mal; desde el mismo,  demonios y otros seres condenados eternamente,  intentan influir sobre los  humanos  [3] Este subsuelo sería la fuente de las influencias contrainiciáticas.

Orientales,  aborígenes  americanos o  pueblos que mantienen viva en alguna proporción la tradición primordial,  no sostienen dicha concepción. En la India el concepto de infierno no implica condenación eterna, sino,  una suerte de compensación por conductas erradas que tiene un límite, luego del cual el sujeto regresa al ciclo de renacimientos y muertes en procura de su perfección. Por otro lado, lo nefasto, como para toda cosmovisión oriental, forma parte de la vida. Varias veces me referí al culto de Kali, la esposa de Shiva que es la que está directamente relacionada con esta tiniebla es una de las deidades especiales del tantrismo y la tradición original resalta esta fuerza preternatural de la diosa [4] El sentido de su acción consiste en aniquilar con cierta periodicidad las formas que toma la tradición para que la misma encuentre nuevos medios de expresarse.

El significado mítico  de la cadena montañosa Lokaloka es el mismo que toma para otras tradiciones como la griega, la azteca o la maya, las entradas al inframundo,  la tierra de los muertos, prohibida para los mortales comunes, pero abierta para quienes acceden a la iniciación. Los mismos no atraviesan esta entrada una sola vez sino que deben hacerlo en muchas oportunidades  a lo largo de sus vidas y en diferentes modos para “bañarse” en ese caos primordial, donde perderán su forma y la recuperarán a fin de expresarla en un nivel diferente.

Este es el sentido de   los cenotes en la civilización maya. Se llama así a un pozo natural en terreno calizo, formado por el derrumbamiento del techo de una o varias cavernas; procede de la voz maya  dz’onottzonot o Ts’ono’ot (sustantivo másculino) que significa «caverna con agua». Estos cenotes son la entrada al inframundo o Xibalbá [5] La presencia de los gemelos Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, y su enfrentamiento con los señores del mundo de abajo, hace referencia a los rituales de iniciación que tenían como parte inicial el sumergirse en dicho subsuelo, a fin de lograr la muerte ritual y regresar transfigurados. El mismo formaba parte de un ritual iniciático que en épocas primordiales debía ser realizado por la mayor parte de la población: atravesar la barrera natural del cenote y entrar al caos primordial para volver a nacer.

En este contexto, lejos de ser un medio de protección que defienda la forma externa de una supuesta tradición, la muralla tenía la permeabilidad necesaria para la interacción con las fuerzas preternaturales que se encontraban al otro lado.

Murallas Artificiales

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Reiterando lo que expresara, la noción de la muralla como la plantea Guénon, no es otra cosa que una noción mítica tardía, elaborada por sacerdotes que han expulsado o aniquilado la dimensión chamánica de un pueblo. La muralla, abierta por arriba para permitir las influencias celestes, y cerrada por abajo para impedir las filtraciones demoníacas, pretende convertir   la tradición en un objeto rígido. Se confunde de este modo  la forma externa que adopta en cierto momento de su desarrollo con  su esencia inmutable. La muralla defiende la forma e impide toda posibilidad de transformación de su expresión que pueda incorporar a las nuevas generaciones a la esencia viva. [6] Se olvida la regla de juego universal:  la tradición primordial siempre se manifiesta en un mundo cambiante:  . Expresar el mismo núcleo en una multitud de formas  es el arte que debe dominar el buscador. (Conste que digo “arte” y no “doctrina”). La muralla está concebida para mantener la forma intacta, para impedir su transformación. Con ella se pretende detener el  río de Heráclito; crear una suerte de idolatría, donde se venera aquello que debe destruirse, y reemplazarse. El mundo donde la tradición actúa exige la multiplicidad de formas de un mismo contenido ; y cuando digo “mundo” me refiero también al instinto humano que procurará cumplir con esta consigna inserta en nuestros genes.

El caso mapuche.

Para la tradición primordial, la tierra no tiene límites. Pueblos que hasta no hace mucho se han mantenido cercanos a ella, como los Mapuche, vivían libremente en un espacio que no terminaba. La dominación Winka, es decir del blanco europeo, español primero y luego inglés, les impone el alambrado (Sucedáneo de la muralla),  y de este modo, el espacio sin límites, propio de la condición primordial, se ve limitado por una cuestión de poder. Antes que nada, su construcción hiere la tierra. La técnica de alambrar requiere la excavación de  un pozo con la llamada “pala de punta” para insertar los postes que sostienen el alambre. En él se colocarán piedras a las que se apisonará y sobre ellas se insertarán fuertes vigas de acero. El asentarlas bien no sólo sirve para protegerlas de los empellones de las reses, sino  de todos aquellos que osen atravesar la barrera. Curiosamente el alambrado de los campos de Argentina, responde a los requisitos de la muralla guenoniana: firmes en la base, y abiertos en la parte superior.

El blanco, el winka, que permanecía protegido y defendido detrás de su muralla de alambre, considera al mapuche como un posible agresor. Alguien podría decir que es parte de las “ influencias erráticas y negativas que podrían emerger de la base de la muralla”, sin tener en cuenta  que es el representante de la auténtica tradición.

 El mito de Rómulo

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Varias veces me he referido y volveré a hacerlo, al mito fundacional de Roma. El mismo es de suma importancia, ya que su alcance llega hasta hoy, estableciendo un Artefacto Mítico ritual propio del clero romano, que ha contaminado a las estructuras de poder de la sociedad. El mismo implica derramar la sangre de los propios parientes para mantener el poder.

Diógenes Laercio cuenta que Rómulo al cercar la ciudad que llevaba su nombre, anunció  que aquel que traspasara dicho límite encontraría la muerte. El primero que osó atravesar el vallado fue su hermano Remo, a quien asesinó. La versión del mito se limita a relatar los hechos sin abrir juicio sobre las motivaciones de los personajes, pero es evidente que Rómulo actuó movido por    un profundo miedo y para conjurarlo necesitaba afirmar su poder en forma brutal. Este miedo sería la base del futuro imperio. La fobia a lo desconocido lleva al endiosamiento del emperador y a tomar por primera vez en la historia el aspecto más superficial de la tradición, engendrar la cuestión de “apariencia” adoptando los dioses romanos y la cultura helenística como una forma de prestigio y no del trabajo interior de muerte y resurrección permanente que exige la tradición [7] llevada adelante por las corrientes chamánicas.

Cabe señalar que el mito de los gemelos es universal. Hice referencia más arriba a los mellizos del Popol Vuh, pero los mismos se encuentran diseminados en todo el mundo antiguo, con una profusión y una permanencia de sus rasgos que hacen evidente el sentido original del mito: cuando los gemelos logran la unión, se transforma el mundo. La novedad que impone el mito fundacional de Roma es la muerte de uno de los mellizos a mano del otro. Se ve con claridad en este detalle la influencia del dios Marte sin ninguna contención. Cabe destacar que el Ares griego, el dios de la guerra, era conocido por su carácter cruel y sus apetencias incontroladas de poder. Esto lo llevaba a luchar a veces en un bando, a veces en el contrario. En la Ilíada, Homero impreca contra él en forma constante y según la mítica griega, Ares fue vencido por Heracles y Hefestos. Conocedores los helenos del carácter rápidamente hipertrofiado de apetencia de poder, habían encontrado la forma de contenerlo.

Los romanos lo llaman Marte, divinidad que a su vez fuera tomada de los etruscos, y a diferencia de los griegos no sólo lo tenían en alta estima, sino que afirmaban descender del dios.

Esto hace que, con el mito fundacional de Roma, repetido por los príncipes y emperadores, no sólo romanos sino de todo aquel que procurara emular el carácter del imperio, se imponga la guerra y la tiranía como forma básica de ejercer el control de unos seres humanos sobre otros y reprimir cualquier florecimiento de la auténtica tradición, como ocurriera con las primeras comunidades jesuánicas. Esta es la base para que florezcan las murallas.

 

Continuación: El sentido mítico del muro de Trump. 

[1] Puede leerse en forma completa en el apéndice.

[2] Más exactamente habría que hablar del miedo enajenado, en este caso, convertido en piedra por medio de la muralla. Incas, mayas, catedrales cristianas: cuando un pueblo vuelca su tradición en la piedra es porque se ha marchado de la interioridad. Es el camino del olvido de lo esencial. En este caso, la muralla parte de un error básico en lo que concierne a la mencionada tradición: la misma por su naturaleza, debe renovarse; debe encontrar las formas de expresión que correspondan al samsara, al mundo de Maya, eternamente cambiante, polaridad opuesta y complementaria de lo inmutable. La muralla impide ese cambio. “Fija” la tradición en su forma externa y le impide avanzar.

[3] El mito arquetípico, al menos para occidente del inframundo es el Hades, que estaba lejos de ser un lugar de tormento. Tan sólo una porción del mismo, el Tártaro, tenía esta característica. Recuérdese que cuando Sócrates antes de beber la cicuta señala que mantendrá esclarecedoras discusiones con los sabios de la antigüedad, se refería a una dimensión de este inframundo, una suerte de paraíso donde iban los filósofos. La llegada del cristianismo a través de la iglesia, realiza la sinonimia entre Hades e infierno, sin realizar estas distinciones. Lo mismo ocurrirá con otros pueblos conquistados, como los mayas, según lo expondré más adelante.

[4] Ramprasad Sen, el poeta bengalí y el místico Ramakrishna fueron adoradores de la diosa.

 

[5] Esta noción es desarrollada en el Popol Vuh, libro que fue descubierto luego de la conquista, y “bautizado” por Francisco Ximénez, de tal modo que , tal como ocurriera con el Hades, hace que Xibalba sea un equivalente del  infierno cristiano. En realidad los Mayas consideraban la enfermedad y la muerte presentes en el inframundo como parte de la vida; algo lejanamente relacionado con los sufrimientos del budismo, y no existía entre ellos la noción de castigo propia del cristianismo sedicente.

 

[6] Cabe señalar aquí que se relaciona con esto la máxima del gatopardismo: “Hay que hacer que las cosas cambien para que sigan como están”. En este contexto, el de la novela de Lampedusa, se refiere a cambios superficiales en lo social y lo político, que mantengan los estamentos, sus figuras representativas y las formas externas de la tradición. En otras palabras: las estructuras de poder y el esquema rígido. El análisis del gatopardismo, así como de la falsa disyuntiva que se plantea entre “las izquierdas y las derechas” lo desarrollaré en artículos que llevarán el nombre genérico de “Gran Política”.

[7] Este es el contexto con el que la proto ortodoxia de la iglesia elabora y prepara las doctrinas cristianas a fin de presentarlas  a las autoridades del imperio. La posterior especulación teológica que se realiza sobre las mismas es una deformación de dicha tradición dirigida a asentar y agrandar un poder brutal.

 

 

GOCHO VERSOLARI

 

 

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