Mítica – Cristo Salvaje: Naturaleza mítica del hombre.

 

 Naturaleza mítica del hombre.

Gocho Versolari, Poeta

 

La naturaleza mítica del Cristo Salvaje

Adquirir la visión chamánica en relación con Jesús, consiste en tomarlo como un mito. Hay una condición previa para entenderlo: Jesús es un mito y con eso participa y a la vez define, precisa la naturaleza de todos nosotros y del universo físico que nos rodea. En otras palabras, su existencia diacrónica, acotada históricamente, inaugura un tiempo sincrónico, expresión paradójica, ya que se trata de un transcurrir donde la sucesión se detiene. Es lo  que llamo el Tiempo Cero, el sitio en que la conciencia coincide con el Ku, el vacío, aquello que no se puede concebir si no es en términos negativos. Es el silencio que todo mito encierra luego de desbrozar las capas de significado; la estructura casi siempre fantástica del relato.

De allí que una introducción a esta naturaleza deba tener como prolegómeno una descripción del carácter mítico de toda existencia humana, unida intrínsecamente al mundo, al entorno.    En otras palabras: todo hombre que nace es un mito. Jesús por su parte, es un mito especial y es a esta concepción que iré desbrozando en el curso de estos artículos.  

 Helen Nelson-Reed - American Visionary Watercolor painter (1)

 Características del Chamán.

Nuestra formación tiene sus bases en los ideales guerrero-sacerdotal, en una cultura donde dichas castas han tomado el poder espiritual, imponiendo ideales regulatorios [1]a los que seguir. Uno de sus objetivos es depreciar el mito, ya que el mismo forma parte del patrimonio chamánico. Los chamanes son quienes    incluyen en su cosmovisión un abordaje global; son capaces de unir lo que estaba separado, y de recorrer los mundos intermedios que nos rodean. Son los médicos por excelencia y el objetivo del chamán auténtico es acrecentar la vida con la conciencia que la misma guarda el germen de todo lo sagrado. Estos son los portadores del mito. Los personajes que despliega,  el espacio y el tiempo que ocupa    guardan una   profunda realidad. Realidad que se mantiene latente y se actualiza cada vez que se lo evoca, se lo narra o se lo teatraliza a través del ritual.

 

Aspectos semánticos y ontológicos del mito. 

Helen Nelson-Reed - American Visionary Watercolor painter (11)

Esta concepción implica ampliar no sólo la definición de mito, sino la de su género próximo, es decir el relato.

 Tomando el enfoque tecnofrénico de la cultura occidental actual, el mito se reduce a un relato fantástico; como tal es el que sirve como base a una antropología, es decir a una concepción del hombre. El ser humano, en su parte somática, anímica y espiritual, es un mito. La forma externa que toma el mismo, es decir un relato, se concentra en la autobiografía. El mismo expresa, escribe su vida, aunque nunca haya accedido a la lecto escritura. La escribe con hechos, con las decisiones que establece a cada momento.  La carga singular es fundamental para el desarrollo iniciático. Es en la vida individual donde se cumple el simbolismo cósmico.  Los  personajes del mito, no son  personas que hayan muerto, sino que siguen obrando desde el ritual, desde la actualización del mito por parte de los hombres con una forma especial de vida. Una de las primeras interpretaciones, es servir de modelo, y del mismo modo, una vida que se conecta con sus raíces míticas, será el  paradigma de quienes la sucedan. [2]

El mito original, el mito que utiliza el chamán,[3] es el que establece  un vínculo con los límites del mundo. Siempre pongo un ejemplo ilustrativo: el proceso que sigue un chamán cuando desciende a los infiernos para encontrar la versión de una persona enferma y poder sanarla. Es un proceso que por su naturaleza no  puede traducirse  en la conciencia, al que no corresponden imágenes ni sucesiones temporales o espaciales. Cuando se dice que el chamán “desciende al infierno”, no está en realidad descendiendo. La expresión quizá se halle “contaminada” por la mítica de drenaje de origen cristiano, según la cual se ubica al infierno debajo de la tierra, y en él moran las almas de los condenados. [4]Esto no es así, pero es necesaria la analogía para realizar una explicación con elementos fantásticos. Lo fantástico es el carácter que señala esta incongruencia con toda forma de captación humana, con todo aquello que se introduzca en el marco de los sentidos y en  las categorías del entendimiento.

El filósofo que coincide en gran medida con un enfoque chamánico, y que es valorado   por muchas escuelas de budismo y otras cosmovisiones de origen oriental, es Emanuel Kant. Su Estética trascendental coincide en este punto con la incapacidad por parte de la razón de acceder a instancias que por su naturaleza están mucho más allá del entendimiento.

El llegar a esta dimensión es el objetivo de toda vida humana individual. El buscador debiera afrontar su autobiografía, en el sentido cronológico de los sucesos que pueden estar ubicados en una línea recta, y las líneas transversales en las que la vida se conecta con lo que llamo los límites del mundo. Estas instancias no son cognoscibles ni estamos preparados para afrontarlas en el occidente contemporáneo, donde la educación tecnofrénica, enmarcada en un racionalismo a ultranza, se complementa con una mítica completamente drenada de significado, como es la que aporta cualquier formación de origen cristiano[5]. El buscador, en este contexto, debe reeducarse; lanzarse a la obtención  de nuevos paradigmas  para realizar una interpretación mítica de su propia vida. [6]

Helen Nelson-Reed - American Visionary Watercolor painter (35).jpg

Expresándolo de otro modo: el buscador debe ser   su propio chamán, sacerdote y guerrero (en ese orden). En el interior de todos nosotros existen estas tres instancias. El chamán es aquel capaz de tener una visión global de los mundos que nos constituyen; es la conciencia capaz de establecer el sentido final de la vida. Puede mantener y aportar la estructura trimúndica que conforma tanto el universo como nosotros mismos. Es el que establece la misión singular de cada hombre o mujer de su entorno. 

 El sacerdote que está en nosotros, supeditado al chamán, es quien establece las formas del ritual; el que se encarga de diagramar y establecer los pasos de la práctica lo que el chamán ha vislumbrado. Digamos que mientras el chamán participa de una instancia sin tiempo, el sacerdote es el encargado de traducir esta visión en términos espacio temporales[7]. Finalmente el guerrero es el que afronta la acción, los pasos que hay que seguir y que en algunos momentos adquieren la forma de la confrontación.

Esto suena simple, pero es difícil de lograr. La formación que hemos recibido está sesgada; los esquemas y las cosmovisiones que la acompañan no responden a una realidad de lo que es el ser. La civilización y la cultura a la que estamos sometidos aumentan esta brecha. Aún en sociedades hierológicas, como pueden ser las de los aborígenes sudamericanos, es necesario que un representante exterior sea el que despierte esta conciencia chamánica. Esta es la función del adivino: establecer el sentido de la vida de la persona, permitirle vislumbrar su objetivo individual y despertar las potencialidades que servirán para lograrlo. En otras palabras: al aportar a la persona la dimensión mítica, el adivino – chamán le está aportando su carácter de humano.

 

La formación que recibimos está contaminada por  una hipertrofia de las castas guerrera y sacerdotal, se ha empeñado en desvirtuar y ridiculizar lo chamánico,  o atribuyéndolo a una conjura dirigida por Satanás; genera  de este modo la tecnofrenia que forma nuestra cultura racionalista unida a  una religión depreciada. Cultura exclusivamente solar, que niega todo lo lunar en un desequilibrio constante y creciente.

Vovliendo al tema del mito, esta actividad del chamán tiene como meta unir  la conciencia humana con el trasfondo mítico. En otras palabras: permite ver cada vida humana como un mito. Del mismo modo, cada elemento del mundo que nos rodea, inanimado o no, adquiere vida por participar de esta naturaleza mítica. Este carácter de puente que es compartido por nosotros y por el entorno, es lo que redime el carácter de sueño que de por sí tiene la realidad y que es resaltado por muchas tradiciones orientales. Las imágenes ilusorias que nos rodean, en la que nosotros mismos somos entes oníricos, se integran al entramado de símbolos que constituye el mito.

 

Dos tipos de mito.

Helen Nelson-Reed - American Visionary Watercolor painter (4)

Es de destacar que en el desarrollo diacrónico de los mitos, es decir en su evolución histórica, los mismos sufren dos tipos de cambio:

  • Un cambio “normal” que corresponde a lo que los budistas llaman el “samsara”, es decir el cambio incesante que caracteriza al mundo. Por lo general el esquema confesional confunde inmutabilidad con inmovilidad. Es decir, el centro inmutable, que no cambia, presente en el interior del hombre, debe contar con la movilidad siempre presente que se encuentra también en la interioridad, y que es la que caracteriza al mundo. Por esto la expresión de un mito debe ser modificada a fin de que se adapte a las nuevas generaciones, las cuales tendrán una estructura de percepción y de entendimiento distinta a sus ancestros. [8] El mito en este sentido es el que sirve a pequeñas comunidades, con una jerarquía tendiente al igualitarismo [9] y una aplicación a la vida individual. En la misma habrá varios objetivos generales que debieran ser definidos por las variables particulares. En términos generales estos objetivos son reproducir el andrógino, es decir la vivencia de los dos sexos, el contacto con el medio y con la sociedad de los hombres. La misión de cada individuo en toda su singularidad, debiera ser definida por el chamán. [10]
  • En un auténtico enfoque mítico, no tienen mucho sentido las generalizaciones, los conceptos abstractos. No sirve el sentido de “humanidad” por ejemplo. No sirve el sentido de “naturaleza”. En ambos casos se está convirtiendo algo que es concreto, en una entidad generalizada, vacía de contenido, en una abstracción. Es decir: la humanidad como tal no existe. Existen los hombres, unidos en diferentes grupos culturales, con diferentes códigos y expectativas. Existen las comunidades [11],   expresiones como “el destino de la humanidad” no son coherentes con una postura chamánica y mítica que apunta al pequeño grupo y a la persona individual. La concepción de naturaleza como abstracción tampoco tiene mucho sentido. Expresiones como “acercarse a lo natural”, por ejemplo, no significan mucho ni se solucionaría mucho de llevarlas a la práctica. El individuo y el entorno surgen en un mismo horizonte. Este árbol es inseparable de mí, surge conmigo; su presencia en mi vida, en determinada circunstancia está ocupando un lugar preciso, singular e intransferible en mi existencia. Las abstracciones se convierten en Moloch que requieren como sacrificio el absorber la realidad. Necesitaríamos purificarnos a través de categorías de pensamiento concreto como el que puede brindar la literatura, el arte y la mítica para brindar una apertura donde corra aire fresco.

 

  • El mito así concebido guarda una importante fuerza, ya que el relato fantástico, que surge del intento humano de expresar lo inexpresable, guarda en sí mismo el poder de este proceso misterioso que cuando se intenta expresar en términos racionales se  desvirtúa. En otras palabras, la esencia del mito se encuentra en el ku, es decir el vacío al que no se puede aplicar características de comprensión, categorías espacio temporales ni establecer por algún medio de definición positiva. Tan sólo se puede aproximar a él a través de expresiones negativas (no es esto, no es aquello; no es lo otro…) o a través del relato fantástico, donde la incongruencia de sus elementos establezca la ruptura con todo intento humano de expresarlo. De este modo el relato mítico guarda una intensa energía que proviene de esa tensión humana de aludir a lo que no puede ser expresado. Esta energía proviene de este límite del mundo y de esta referencia a ese punto, a ese vacío que no es otro que quien crea las cosas, que sostiene la vida. En términos diacrónicos cuando se altera un mito a fin de soportar un determinado esquema de poder, el mismo sufre un proceso comparable (siempre en términos míticos, es decir aludiendo en forma analógica, de relato fantástico  a un proceso inefable) a un contenedor de un líquido que sufriera una ruptura. Entonces empieza a perder sustancia, con mucha lentitud. Es posible que quienes establezcan el mito como base de su poder, tengan un éxito inmediato, y logren fundar un imperio como se ha visto en cantidad de casos en occidente; las castas iniciales responsables de la adulteración del mito son la de los sacerdotes y los guerreros, y el chamanismo será expulsado o apartado del nuevo orden. Casi siempre hay una divinidad solar que trepa en el panteón hasta crear una influencia excluyente sobre todos los demás dioses. Se plantea un mundo trascendente en el que reinará la armonía, ausente en el entorno  cotidiano, teñido por constantes guerras e intrigas en pos de la obtención del poder.
  • Los ejemplos de lo anterior siempre en el plano diacrónico, son muy abundantes. En América los grandes imperios precolombinos se basaban en este esquema.

Los cuatro niveles del mito.

Helen Nelson-Reed - American Visionary Watercolor painter (23).jpg

Jesús en ese sentido, también es un mito. La forma de entenderlo, es a través de las cuatro  interpretaciones que sirven para  acceder a un relato mítico. Esto, que se aplica antes que nada a la cuestión semántica, tiene implicancias ontológicas cuando es llevado al plano humano. Repasemos los cuatro niveles:

  • El primero es el literal. Correspondería a lo que los hinduistas y budistas llama nama-rupa, es decir, nombre y forma. Este nivel que en la concepción confesional se considera superficial, es en realidad el que contiene todo, ya que el mismo es el continente y a la vez el medio de expresión de los otros niveles. Se podría decir que esta síntesis de nama rupa incluye el cuerpo, el que es despreciado por el cristianismo oficial, pero que en realidad es considerado en alta estima por la auténtica tradición oriental. [12] El cuerpo, la expresión externa, la forma que adopta el ser para manifestarse en una circunstancia precisa, es el punto de partida y a la vez el de llegada. En otro lugar desarrollaré la importancia de la realización Trimúndica en cada uno de los niveles del ser humano. No es como afirma Guénon y cierto espiritualismo ultramontano, que es necesario ordenar la parte espiritual y todos los demás niveles del ser lo harán en base a esto. Cada sector implica una realización propia, cuyo esquema es siempre trimúndico. Es en este sentido en que el cuerpo, la expresión externa del mito que es el hombre, se encuentra al principio y al final del proceso.
  • El segundo aspecto es el moral o ético, según se corresponde con la división establecida por la tradición cabalística. Esto implica una forma de vida que el cuerpo requiere. Fundamentalmente en la alimentación y la sexualidad, los soportes respectivos de los pequeños y grandes misterios.
  • El tercer aspecto es el simbólico. Es el que se obtiene a través de diferentes formas de meditación y que establece la percepción del dios interior y del alma del sujeto. El dios interior se percibe como una figura ubicada en algún lugar del cuerpo, de un ser sentado y silencioso. El alma es la que dialoga con el meditante, y la que de algún modo tiene la potestad de expresar lo que dice este ser. [13]
  • El cuarto nivel, el anagógico, se corresponde en su expresión más acotada a la noción oriental de Ku es decir el vacío, lo que no se puede nombrar [14] Sin embargo, la simbología establece un área cercana a lo espiritual en la que los símbolos adquieren una creciente profundidad que desemboca en el silencio.

Esta es la estructura del mito, tanto del relato fantástico que le sirve de base como el de una vida humana [15] Los alcances ontológicos del mito, son capaces de  expresar lo que somos: la base de una comprensión del universo que no requiere de los elementos racionales  para ser interpretada. [16]

Volviendo a la concepción tecnofrénica-sacerdotal, la misma cuestiona el mito y en muchas oportunidades lo denosta. El enfoque chamánico es el que corresponde a esta concepción del hombre como mito. No sólo en cuanto a su estructura, sino en cuanto al sentido final que tiene una vida humana: una misión particular en función de una creación que no ha terminado y de la que somos los ejecutores.

 

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GOCHO VERSOLARI

 

[1] Esta expresión es tomada de Michel Foucault, autor sobre el que volveré en especial cuando profundice en el tema de la sexualidad iniciática.

[2] Es de destacar que cuando el mito drena, es decir cuando se aparta del sentido original, surge el “fundador salvaje”. En el caso de Jesús es lo que desarrollo como el Cristo Salvaje y en el caso de Buda, en los primeros siglos luego de su muerte, surgió lo que se podría llamar el Buda salvaje, hasta la instauración y desarrollo del Mahayana.

[3] Antepongo el mito que llamo “original” al mito “de drenaje” donde se altera su sentido básico y se lo utiliza para consolidar el poder de un individuo o de una casta.

[4] Originalmente el chamán desciende al inframundo, lo que no corresponde en términos estrictos al infierno cristiano. Casi siempre es un lugar de paso donde los muertos permanecen hasta tanto se den las condiciones para seguir su ciclo de transformaciones. Este proceso se da también con vivos, en quienes una parte de sí mismos y por diversas razones, queda atrapada en este inframundo y genera la causa profunda de la enfermedad.

[5] Hay diferentes grados de drenaje: cuando se altera un mito, como en el caso de la historia del Jesús oficial, el mismo “pierde” esencia de modo muy lento, hasta que al llegar a un punto se vacía por completo y lo que queda es una estructura vacía, una cáscara de lo que fuera el mito original.

[6] Un hecho que nos resulta difícil de comprender es la falta del marco confesional para las religiones orientales. Es frecuente que en muchos casos, en especial en China o en India, las personas tomen elementos de diferentes posturas religiosas y “armen” un propio credo, con sus respectivos e individuales artefactos míticos rituales. Este es el camino para la expresión mítica de la propia existencia individual.

[7] Cuando por diferentes razones el sacerdote o el guerrero equivocan su función y la consideran autosuficiente, es cuando se generan las teocracias o las formas de dominación de origen religioso, que podemos ver en la sociedad actual y en numerosos casos como el de los incas, el sintoísmo y algunas formas de budismo. Llevado al plano individual, implica la rigidez y el dogmatismo crecientes  de la persona.

[8] Agustin Panikker hace referencia en una de sus obras a una religión que tiene como objeto de culto a Mao Ze dong, el presidente chino. Entre sus medidas, la llamada Revolución Cultural de los años sesenta, tiene una base mítica y uno de sus aspectos es reproducir en un contexto de mito de drenaje y de aspiración por el poder, una auténtica base mítica que en términos chamánicos servía de fundamento a la sociedad china. Sobre el análisis mítico de la Revolución Cultural, así como del hambre como elemento de dominación volveré en otros artículos.

[9] En relación con esto me refiero a dos esquemas míticos expresados en el libro del Génesis. Cuando la Biblia fue puesta por escrito durante el cautiverio por parte de los medo persas hacia el pueblo de Israel, se superpusieron ambas con poca solución de continuidad. Se trata de las dos creaciones. En la primera, protagonizada por los Elohim, se coloca a Adán en el centro de un círculo, teniendo a su mismo nivel al resto de las criaturas y habitando en el centro. En la segunda, dicho círculo se transforma en una pirámide y el hombre ocupará su vértice, teniendo dominio absoluto sobre las criaturas y encontrándose en una postura claramente superior a ellas. El primer esquema es el chamánico y el segundo el sacerdotal.

[10] Tuve oportunidad de realizar un estudio somero de las actividades chamánicas que se desarrollan en el México de hoy. Como resultado de la conquista y en un proceso que llega hasta el presente, hay una preeminencia de la Iglesia Católica, es decir de un esquema sacerdotal que ha reemplazado a las viejas creencias y que se mantiene con virulencia. En torno al mismo se desarrollan cantidad de actividades chamánicas, en formas de adivinación; algunas son fraudes, pero una buena parte reproducen en mayor o menor grado formas arcaicas de abordar a los consultantes. Es frecuente que muchos de ellos, vinculados a algunas prácticas que arrancan desde los aztecas o mayas, o aún antes,  practiquen la adivinación estableciendo la misión particular de la persona que se presenta a realizar la consulta. Procura establecer a partir de un problema de salud o una circunstancia concreta que preocupa al paciente, cómo debe orientar su vida para solucionarlo. En algunos casos la persona deberá realizar una actividad artística, en otros ser un sanador;  orientar en cierta forma la educación de sus hijos, etc. Es en este marco en el que la vida singular encuentra su sentido mítico con intermediación del chamán.

[11] El concepto de “país” o de “patria” que en realidad sólo sirve para justificar guerras y situaciones que atentan contra la vida, forma parte de las abstracciones que contaminan el lenguaje y que con rapidez muestran su aspecto tenebroso y se convierten en letales.

[12] En occidente, entre las obras poco conocidas de Ramón Panikkar, hay una excelente defensa del cuerpo, y una recomendación a los cristianos de cultivar el mismo.

[13] Esta figura está muy lejos de ser el dios absoluto del monoteísmo occidental. Se trata de una proyección interior; de un principio regente que permite la unidad de la conciencia. Las múltiples voces que forman la misma se aglutinan en torno a esta instancia supraconsciente.

[14] También equivalente al concepto de Tao, cuando Lao Tzu afirma: El Tao que se puede nombrar no es el verdadero Tao”

[15] Aquí vuelvo a referirme a  la bio-grafía como desarrollo mítico. La vida como historia que se relata, en la cual debemos saber discernir los momentos fuertes, es decir los más importantes y los momentos superficiales.

[16] Es importante destacar un punto: el concepto de mito más preciso es el de Elio Theon El mito es una exposición falsa que describe algo verdadero ¿En qué sentido entonces una vida humana es falsa? En el sentido de que todo lo que aparece, lo que existe está rodeado del halo de la ilusión. Todo es ilusión. El mundo que nos rodea y nosotros mismos formamos parte de una dimensión onírica. Lo único que “redime” a dicha dimensión es el simbolismo, es decir la intuición profunda que nos permite abordar la realidad en relación con una dimensión real. Este proceso fundamente todo tipo de conocimiento, y con más razón el que se sitúa con el mundo intermedio y con el mundo inexpresable, del cual el Ku al que menciono con asiduidad es el centro.

 

Ilustraciones: Helen Nelson Reed – Artista visionario – Acuarelas

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4 Comentarios

  1. Más que leerte se te «escucha» siempre tratando de convertir y adaptar…Tu prosa poética atrae a la vez, a los que se inclinan por la prosternación absoluta ante Dios y a lo no tan fácil de definir como los que se inclinan por las obras y estar activo. Y , como siempre. voy a ponderar sumamente la elocuencia de los que se inclinen por obras, muy distintos a los que se les por pagar algo en este cosmo. Y no voy a agregar más. todavía no estoy en condiciones de apreciar en el reconocimiento de la veracidad absoluta..

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  2. Más que leerte se te “escucha” siempre tratando de convertir y adaptar…Tu prosa poética atrae a la vez, a los que se inclinan por la prosternación absoluta ante Dios y a lo no tan fácil de definir como los que se inclinan por las obras y estar activo. Y , como siempre. voy a ponderar sumamente la elocuencia de los que se inclinen por obras, muy distintos a los que se les por pagar algo en este cosmo. Y no voy a agregar más. todavía no estoy en condiciones de apreciar en el reconocimiento de la veracidad absoluta..

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  3. Más que leerte se te “escucha” siempre tratando de convertir y adaptar…Tu prosa poética atrae a la vez, a los que se inclinan por la prosternación absoluta ante Dios y a lo no tan fácil de definir como los que se inclinan por las obras y estar activo. Y , como siempre. voy a ponderar sumamente la elocuencia de los que se inclinen por obras, muy distintos a los que se les dé por pagar algo en este cosmos. Y no voy a agregar más. todavía no estoy en condiciones de apreciar en el reconocimiento de la veracidad absoluta..

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