Nacer chamán – 01 Rebelión sacerdotal e impacto contraculturativo.

Nacer chamán- 01 Rebelión sacerdotal e impacto contraculturativo.

 Gocho Versolari

Todos nacemos chamanes. La capacidad de manejarnos con imágenes, mitos a través de metáforas y un razonamiento simbólico, es inherente a la humanidad. El desarrollo en occidente de un modo equivocado de ver las cosas [1] ha generado una  cultura y una civilización  basadas en un racionalismo a ultranza, plagada de paradigmas regulatorios[2] que forma en cada uno de nosotros gruesas murallas interiores, a las que debemos cuestionar y en algunos casos destruir en la medida en que queramos manifestar nuestra realidad profunda.
Nuestra civilización está dominada por una casta de carácter  sacerdotal. Todo lo religioso o lo que huela a religión es sinónimo de dogma, encuadre confesional y de un fuerte estamento de “intermediarios con el cielo”. Esta tendencia no queda circunscripta a los muros detrás de los cuales se ocultan los creyentes. Se multiplica y transforma en un complejo proceso de secularización para teñir e “infectar” el resto de la sociedad, incluso a las tendencias que procuran el cambio del statu quo. Casi siempre estas intenciones de cambio adoptan la forma de “movimientos”, es decir tendencias sociales imprecisas que nuclean diferentes posturas políticas o culturales con un objetivo común. Los movimientos surgen y se desarrollan en busca de una autenticidad perdida. Sin embargo, de estos movimientos se pasa al partido,  al culto o a  estructuras que adoptan un dogma, y una línea de acción basada por un lado en la presencia de un enemigo. Por el otro en un conjunto de personas calificadas que tienen la conciencia y las armas para luchar contra ese enemigo.  Se delega en ellos la fuerza inicial del movimiento y entonces se realizan concilios, establecen anatemas etc. Lo que fuera una fuerza espontánea con la potencialidad de realizar un cambio profundo, termina adoptando la estructura y los vicios de aquello que se pensaba cambiar. En otras palabras, hay una matriz bélica, militante a la que inevitablemente se regresa: la del dogma, la de la rígida organización en torno a una casta de supuestos elegidos, de salvadores, de guerreros especializados contra las fuerzas del mal etc. [3]
Además de los representantes del cristianismo oficial, funcionan de un modo similar los científicos o ciertas corrientes políticas que exigen una firme adhesión a sus principios y a sus figuras. Dogma e interpretación por una casta calificada; ortodoxia y heterodoxia; separación entre un conjunto de verdades de tipo “solar”y la falsedad atribuida a   enemigos irreconciliables. La separación entre la luz y la sombra; el levantamiento de una muralla y la separación tajante con lo que se encuentra en el exterior.
  Llamaré a esta postura “Síndrome sacerdotal”. El mismo surge en una sociedad que ha sufrido un fuerte impacto contraculturativo, acompañado al  hecho bélico: una invasión de otro pueblo, un ataque directo a sus costumbres rituales y el desplazamiento y destrucción de lo que hasta el momento era considerado como centro. [4]
Cuando ocurre esto, ante la situación real o potencial de caos a la que ha llegado la cultura, el estamento sacerdotal es el que se siente capacitado para restituir la cosmovisión amenazada, atacada y herida. Entonces reformula sus fundamentos, establece el dogma y constituye al nuevo estrato socio cultural como el intermediario. Toda  realización personal se la traslada a un mundo trascendente, a la responsabilidad de  un Dios todopoderoso, lejano, que sólo habla a través de los sacerdotes. Se vincula la salvación individual a un código moral que comprende toda la vida del individuo. Se definen con claridad los campos entre los buenos y los malos. Se demoniza en un sentido literal a todos aquellos que pretendan remitirse a la dimensión chamánica original, y en muchos casos estas fuerzas amenazantes se conjugan en alguien que presente estas características: la suma del mal, la versión invertida del ritual. En lo social hay una dominación y negación de la espiritualidad femenina, junto con una sujeción real de la mujer. La sexualidad se reprime rígidamente y se la tolera con formas que no admiten resquicios. Es cuando se generan los ideales regulatorios, que deben contener, explicar y expresar las orientaciones sexuales. Cuando el cuerpo pierde su catexis y la misma se concentra exclusivamente en los genitales para el proceso de reproducción física. [5]
Lo descripto hasta aquí es una muralla interior que se levanta con el pretexto de evitar un nuevo ataque, una nueva conmoción que destruya de un modo completo la dimensión mítico ritual que se pretende defender. Lo que no se percibe es que dicha dimensión sufre una transformación que la aleja de sus fundamentos. El aparato mítico transformado en dogma se desvirtúa, se reseca, empieza a quebrarse y a partir de allí se producirá el drenaje, proceso que puede ser más o menos largo, pero que llevará a un vacío total de los contenidos originales [6] Exhibe a partir de ese momento su aspecto sombrío, y se convierte en una prisión para sus miembros dejando el carácter original de liberación.
Es frecuente en muchos casos que esta muralla interior vaya acompañada de una muralla externa. El primer ejemplo se refiere a la primera destrucción del Templo de Israel por parte de los persas.
Por otro lado, es razonable asumir que los sacerdotes herederos de la visión del Primer Templo (que se centraba primordialmente en el sacrificio animal antes del cautiverio babilónico) necesitaban escribir tantas normas de manera tan meticulosa ante la amenaza no sólo al sacerdocio sino a la tradición hebrea durante el cautiverio. Lejos de su templo y sus rituales, era necesario “garantizar” la pureza del pueblo aun cuando este no podía practicar su religión como siempre lo había hecho. Fue en esta época –tras la restauración de Ciro el Grande y el retorno de los hebreos a Jerusalén– donde la religión hebrea antigua dio un giro, dando paso a la tradición que eventualmente dio lugar a las religiones más importantes hasta la actualidad: el judaísmo, el cristianismo y el islam.
Este párrafo es tomado de La tradición sacerdotal de la cultura hebrea antigua y la homofobia, de Luisa González Reiche. La misma vincula el nacimiento de la tradición sacerdotal con lo que sería el impacto contraculturativo que produjo la invasión de los persas y la primera destrucción del templo. Hasta el momento la tradición hebrea estaba penetrada de una orientación chamánica. Para poner un ejemplo basta referirse al nacimiento de Sansón interpretado por Herbert Von Rad. El futuro padre del último Juez descubre en la noche una presencia. La persigue, ya que sabe que si a la misma se le exige su nombre y lo brinda, el mismo sería motivo de fortuna. La capacidad adivinatoria de José o el Libro de Tamar donde se exalta la prostitución sagrada practicada por los cananeos. Todo esto surgía de una fuente chamánica que tenía como característica un contacto directo con la tradición primordial y con la capacidad de todos los hombres de acceder en menor o mayor grado a un conocimiento primigenio. [7]
Cuando la cultura y el contenido sagrado son destruidos, surge la exaltación de la casta de los sacerdotes como medio de preservar ese conocimiento. En la tradición hebrea, Nehemías es el representante de esta tradición. Con la llegada de Ciro, regresa a Israel y allí se propone levantar una fuerte muralla que rodee a la ciudad. Es entonces cuando surge esta tradición como género literario en la Biblia. Un Dios lejano, justo y cruel, los sacerdotes como intermediarios ante este Dios y la vinculación del contenido religioso con el poder temporal, guerrero. El chamanismo en tanto se prolonga en la Kábbalah como núcleo esotérico de la tradición.
La clave del proceso, es decir una cultura hierológica que de pronto es arrasada, aquello que se consideraba su centro es destruido y los miembros sometidos a cautiverio, sufre un impacto contraculturativo. La nueva casta sacerdotal toma el poder, y si bien se lamentan del hecho bélico que en su momento estuvo a punto de aniquilarlos como tradición,   no tardarán en iniciar nuevas campañas militares contra sus propios enemigos internos o contra miembros de otras culturas con afán de anexión.
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[1] Diría un modo enfermo de ver las cosas, considerando que el apartamiento de este vínculo simbólico con el mundo propio del ser humano se ve desplazado, alterado por otras concepciones del hombre que no corresponden a su naturaleza profunda y que consiste en desarrollar cada uno en sí mismo algo diferente; de realizar en las profundidades un hecho de características alquímicas que permita emerger nuestra verdadera realidad. Todos estos conceptos trataré de exponerlos con más detalle.
[2] Paradigma o ideal regulatorio es una expresión que ha tenido su origen en el pensamiento de Foucault. El mismo lo aplicaba a la sexualidad, e incluía la heterosexualidad excluyente como ideal regulatorio. En este contexto, procuro aplicar el concepto a otras instancias, no exclusivamente la sexual. La iglesia católica y el cristianismo oficial por ejemplo, nos llenan de posturas precisas acerca del contenido de nuestras creencias, aficiones y pensamientos. Vivimos en una malla formada por ideales regulatorios, y en muchos casos la vida del que admite estas barreras se va en tratar de cumplir con todos estos paradigmas. Un trabajo pendiente es exhumar y describir estos ideales. Con algunos podemos identificarnos, pero lo más seguro es que nos encontremos tratando de adaptar muchas conductas y objetivos personales a moldes que no corresponden a nuestras inclinaciones básicas. Es lo que ocurre en una sociedad donde la moral, las costumbres y todo aquello que se considera “políticamente correcto” es impuesto desde fuera como el patrón de la humanidad; como la condición para ser aceptado y evitar el exilio; para evitar ser considerado  abyecto.
[3] El enfoque chamánico, cuando no se encuentra contaminado, no es bélico ni pretende detentar el poder. Trata de nuclear lo caótico, de integrarlo y drenarlo casi siempre en la propia persona del chamán  y de la situación nefasta con la que se vincula esta faz caótica: un enfermo, una calamidad comunitaria, etc. El objetivo final no es establecer un paradigma regulatorio, sino permitir que esa vida individual pueda continuar cumpliendo con el fin inherente a la misma.
[4] Este concepto está desarrollado por la Etnopsiquiatría, una rama del psicoanálisis representada por Francois Laplantine y Georges Devereux. Al respecto me remito a la obra de Laplantine, Les Trois Voix de l’imaginaire : le messianisme, la possession et l’utopie, étude ethnopsychiatrique, Cabe señalar que el concepto Impacto contraculturativo, tomado de dicho pensamiento en el presente contexto, no coincide en términos precisos con el pensamiento citado, sino que su aplicación es más general y amplia. Puede definirse cuando una cultura con sus correspondientes cosmovisiones y artefactos mítico rituales, se ve amenazada por sus bases y está a punto de sucumbir. Cuando una minoría es la que comprende y sostiene sus principios, los que pueden volver a desarrollarse al mejorar las condiciones. En este caso la tendencia predominante es que adopte la forma exclusivamente sacerdotal, “purgando” y persiguiendo los contenidos chamánicos   y transformando el artefacto mítico ritual en doctrina dogmática  y en un ritualismo vacío.
[5] La palabra catexis proviene del psicoanálisis y se refiere a la capacidad del individuo de cargar un objeto externo o una parte del cuerpo de energía libidinal, es decir en convertirlo en objeto de placer y deseo. Esta tendencia, presente en el nacimiento y la primera infancia, es coartada por la educación. En este contexto, la catexis es la base por la cual se debe recuperar una erotización del propio cuerpo y del mundo como base para una realización trimúndica de los individuos o los grupos.
[6] Adelantando los ejemplos, es  lo que ha ocurrido con la Iglesia Católica: luego de las persecuciones a los cristianos, la casta sacerdotal toma el poder, proceso que empieza en los primeros años del movimiento.
[7] Esta sociedad hebrea anterior a la primera destrucción del templo, tendría un carácter hierológico según la descripción de Aukanaw.

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GOCHO VERSOLARI

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